BY JANIN AYALA FELIX | ABRIL 22, 2025 | PERÚ | CANCIONES | LÍBIDO
EN ESTA HABITACIÓN: EL LUGAR DONDE EL ROCK PERUANO APRENDIÓ A SENTIR
Líbido lanzó “En esta habitación” en el año 2000 como parte de Hembra, un disco que no solo consolidó a la banda como el nombre más visible del rock peruano de su generación, sino que también capturó un estado emocional colectivo que atravesaba a buena parte del rock latinoamericano de finales de los noventa. Más que un sencillo exitoso, la canción terminó convirtiéndose en una especie de refugio sonoro, una pieza que parecía hablarnos al oído en una época marcada por la introspección, la incertidumbre y el deseo de conexión.
Musicalmente, “En esta habitación” se mueve con naturalidad dentro del terreno del rock alternativo y el pop rock, pero su fuerza no está en la estridencia ni en la urgencia, sino en la contención. Hay una influencia clara del post punk y la new wave, especialmente en la manera en que las guitarras construyen atmósferas más que riffs memorables. No buscan imponerse, sino envolver. Ese enfoque fue clave para que Hembra se convirtiera en un disco bisagra dentro del llamado rock peruano, un álbum que dialogaba de tú a tú con lo que estaba ocurriendo en Argentina, México y España, sin perder identidad local.
El pulso rítmico de la canción es firme, de tempo medio, sostenido por una batería que entiende que menos puede ser más. No hay golpes innecesarios ni fills espectaculares. El beat avanza con paciencia, casi como si supiera que la canción no necesita correr para llegar a ningún lado. En los coros, ese ritmo adquiere una sensación de empuje clásico, cercana al four on the floor, que le da a la canción una cualidad casi hipnótica. Es un movimiento constante, más emocional que físico, que invita a quedarse dentro del clima que propone el tema.
La melodía es uno de los grandes aciertos de “En esta habitación”. Es accesible, inmediata, pero nunca obvia. Salim Vera canta desde un lugar vulnerable, con una interpretación que bordea la melancolía sin caer en el dramatismo. Su voz no grita, no reclama, no suplica. Simplemente expone. Esa forma de cantar, tan característica del rock alternativo de la época, conecta directamente con la estructura melódica de los versos, construidos en tonalidades menores que refuerzan la sensación de encierro emocional que sugiere el título.
La producción del tema es otro elemento fundamental para entender su impacto. Pulcra, equilibrada, pensada para la radio, pero sin sacrificar la identidad alternativa de la banda. Las guitarras limpias conviven con capas ligeramente saturadas, creando un contraste entre fragilidad y tensión. El bajo no se limita a acompañar, sino que dibuja líneas melódicas claras que sostienen la canción desde abajo, mientras la batería mantiene todo en su lugar con precisión casi quirúrgica. La estructura va creciendo de forma orgánica, partiendo de versos más contenidos hasta desembocar en coros amplios y envolventes.
“En esta habitación” fue escrita por Jeffry Fischman, baterista de la banda en ese momento, y sus letras se mueven en un terreno introspectivo y abstracto. No cuentan una historia lineal ni describen situaciones concretas. Más bien funcionan como fragmentos de pensamientos, sensaciones suspendidas en el aire. La repetición de frases como “tanto, tanto, tanto… tiempo al tiempo” sugiere espera, reflexión, una necesidad de pausa en medio del ruido exterior. La habitación del título puede leerse como un espacio físico, pero también como un estado mental, un lugar interno donde se procesan emociones que no siempre encuentran salida inmediata.
Ese carácter ambiguo fue clave para que la canción conectara con públicos muy distintos. Cada oyente podía habitar su propia versión de esa habitación, proyectar ahí sus dudas, sus deseos, sus silencios. En una época previa a las redes sociales, cuando la exposición emocional no estaba mediada por pantallas, canciones como esta ofrecían un lenguaje común para sentimientos difíciles de verbalizar.
No es casual que “En esta habitación” se haya convertido en la canción más escuchada de la banda en plataformas como Spotify. Su vigencia habla de algo más profundo que la nostalgia. Sigue funcionando porque no pertenece del todo a una época específica. Aunque su sonido remite claramente a los primeros años del nuevo milenio, su carga emocional sigue siendo actual. La sensación de encierro, de espera, de querer entender qué hacer con el tiempo y con uno mismo, sigue siendo universal.
En el contexto del rock latino, la canción dialoga naturalmente con el trabajo de bandas como Soda Stereo y Enanitos Verdes, especialmente en esa capacidad de combinar sensibilidad pop con una base rock sólida. También comparte afinidades con la oscuridad atmosférica de Héroes del Silencio, aunque desde un lugar menos épico y más íntimo. Dentro del Perú, su ADN se reconoce en propuestas contemporáneas como Mar de Copas y Amén, bandas que apostaron por la melodía, la emoción y la introspección como ejes centrales de su discurso.
“En esta habitación” no fue solo un éxito radial. Fue una declaración estética. Demostró que una banda peruana podía construir canciones sofisticadas, emocionalmente complejas y comercialmente viables sin renunciar a su personalidad. En un mercado históricamente difícil para el rock local, Líbido logró algo que parecía improbable: instalar una canción profunda y contenida en el imaginario popular.
Con el paso del tiempo, el tema se ha transformado en una especie de punto de referencia dentro de la discografía de la banda y del rock peruano en general. Es una canción que resume una manera de entender la música, una sensibilidad específica que marcó a toda una generación. No necesita grandes discursos ni artificios. Basta con entrar en esa habitación, cerrar la puerta y dejar que la canción haga su trabajo.
En un mundo cada vez más acelerado, “En esta habitación” sigue ofreciendo lo mismo que ofrecía en el año 2000: un espacio para detenerse, para sentir, para escuchar lo que pasa adentro cuando el ruido de afuera se apaga. Y tal vez por eso, tantos años después, sigue sonando tan necesaria.
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