BY JANIN AYALA FELIX | AGOSTO 15, 2025 | MÉXICO | CANCIONES | ZOÉ
ZOÉ Y SU CAMPO DE FUERZA: EL ARTE DE VOLVER A SENTIR
Zoé se tomó su tiempo. Cuatro años sin música nueva pueden sentirse como una pausa larga en una escena donde el flujo constante de sencillos dicta el pulso de la relevancia. Pero para una banda que ha hecho de la evolución una forma de resistencia, el silencio siempre ha sido parte del proceso creativo. No se trató de ausencia, sino de incubación. Por eso el regreso con “Campo de fuerza” no suena a intento de recuperar terreno perdido, sino a una reafirmación de lo que la banda ha sido desde sus inicios: una conexión emocional directa entre guitarras, atmósferas y la sensibilidad de una generación que aprendió a encontrar refugio en su música.
“Campo de fuerza” marca el inicio de una nueva etapa para Zoé, una que mira al pasado sin nostalgia complaciente y al futuro sin ansiedad. El sencillo recupera la esencia cruda que los definió al inicio de la década de los dosmil, especialmente la vibra de aquel álbum debut de 2001 donde la espontaneidad y el vértigo creativo eran motores centrales. Pero ahora esa energía viene acompañada por la serenidad que da la experiencia, por una confianza que no necesita sobreexplicarse ni esconderse detrás de capas de producción exuberante. Aquí, Zoé suena directo, casi visceral, como si se hubieran permitido volver a tocar por el mero placer de tocar.
Para Sergio Acosta, guitarrista de la banda, el nacimiento del tema dejó claro desde el primer momento que había algo especial en el aire. “Campo de Fuerza es la más pura expresión de lo que significa para nosotros trabajar con Craig Silvey. Lo que originalmente era una toma en búsqueda de darle forma a la canción, terminó siendo la base del tema a la que solo le sumamos los órganos de Chucho, la voz de León y mis guitarras”, compartió en exclusiva para Rolling Stone en Español. No hubo una obsesión por pulir hasta el extremo. No hubo miedo a dejar imperfecciones respirando dentro de la canción. La captura de ese primer impulso se convirtió en el corazón del track, una fotografía sonora del momento exacto en el que la química de banda reaparece sin pedir permiso.
Rodrigo Guardiola, baterista de Zoé, explica que la temática de la canción nace desde una emoción sencilla pero profundamente humana. “Campo de fuerza es una canción sobre aquello que te hace sentir feliz, fuerte, seguro, protegido, inspirado, emocionado de las sorpresas que la vida trae”, dijo. La frase funciona casi como una declaración de principios. Después de décadas de exploración lírica que ha transitado por lo místico, el amor cósmico, el desamor espiritual y la introspección existencial, Zoé se permite ahora hablar de la fuerza emocional como refugio. No como evasión, sino como motor. Un campo de fuerza que no es ciencia ficción, sino una metáfora cotidiana: el momento en que escuchas una canción y el mundo parece así, por unos minutos, menos frágil.
El proceso de volver al estudio fue tan inesperado como emotivo para la banda. Guardiola lo resume con una mezcla de nervio y gratitud. “Teníamos varios años de no volver al estudio y componer juntos, lo cual fue toda una aventura, pues a pesar de nuestro camino juntos, nunca sabes cómo va a resultar. Sin embargo, en cuanto empezamos a tocar, todo fluyó: fue un proceso que nos emocionó muchísimo”. El regreso no fue una maquinaria perfectamente organizada, sino un redescubrimiento. Una especie de ensayo existencial donde cinco músicos, después de recorrer caminos individuales, se reencuentran para comprobar que la esencia sigue intacta.
Ese sentimiento se percibe en cada segundo de la canción. Las guitarras no buscan protagonismo absoluto. Se integran como capas que acompañan la voz de León Cordero sin opacarla, creando una sensación de constante expansión. El órgano de Jesús Báez aporta un matiz cálido que evita que la crudeza se vuelva áspera. Todo parece moverse con una naturalidad que recuerda por qué Zoé siempre ha sabido manejar la frontera entre lo accesible y lo profundo.
Para León Larregui, “Campo de fuerza” representa una experiencia sensorial completa. “Ponerte los audífonos es entrar a un campo de fuerza. La música te envuelve, protege y te hace indestructible”, expresó sobre el tema. Larregui habla como alguien que reconoce el poder terapéutico de la música, no desde el discurso grandilocuente, sino desde la vivencia íntima del oyente. Ese instante en el que una canción se convierte en escudo. En motor. En compañía. En un abrazo invisible que viaja directo al pecho.
El regreso ocurre después de Sonidos de Karmática Resonancia, el álbum lanzado en 2021 que representó uno de los trabajos más sofisticados y etéreos de Zoé. Aquel disco estaba sumergido en atmósferas densas, estructuras complejas y una búsqueda casi meditativa del sonido. Fue un proyecto ambicioso que consolidó el estatus de la banda como una de las más inquietas del rock latinoamericano contemporáneo. Pero también parecía cerrar un ciclo de exploración maximalista. “Campo de fuerza” llega como el contrapunto perfecto. Menos ornamento. Menos capas. Más pulso directo.
Es interesante observar cómo Zoé, lejos de perseguir tendencias, mantiene una brújula interna clara. Mientras la industria se debate entre la saturación digital y la fragmentación de géneros, la banda elige regresar al núcleo: una canción bien construida, con emoción tangible, sin artificios innecesarios. No hay fórmulas prefabricadas aquí. No hay intentos por capturar algoritmos. Solo la convicción de que una buena canción aún puede abrir grietas de luz dentro de la rutina moderna.
La noción de un campo de fuerza también puede leerse como una metáfora de la propia trayectoria del grupo. Zoé ha construido, a lo largo de más de veinte años, una comunidad fiel que funciona como ese escudo mutuo entre banda y público. Un espacio compartido donde la música protege a quienes la crean y a quienes la escuchan. Su regreso no se concreta desde el artificio del “gran retorno”, sino desde una honestidad tranquila que conecta con quienes crecieron al ritmo de “Vía Láctea”, “Labios rotos” o “Soñé”, pero también con nuevas generaciones que encuentran en este sencillo un punto de entrada perfecto a su universo.
“Esperamos que con ‘Campo De Fuerza’, la gente encuentre la misma inspiración y magia que llegó a nosotros”, concluye Guardiola. Más que una expectativa promocional, la frase suena como un deseo genuino. Porque el regreso de Zoé no pretende cambiar el rumbo del rock en español de manera estruendosa. Lo que hace es recordar algo esencial: que la música aún puede ser un refugio puro, un espacio donde sentirse protegido por tres minutos y medio. Donde, al colocar los audífonos, el ruido del mundo se apaga y todo parece nuevamente posible.
En tiempos de sobreestimulación, Zoé regresa con una canción que no grita, no implora atención, no se disfraza de urgencia. Simplemente está ahí, sólida, honesta, envolvente. Como un campo de fuerza.
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