BY JANIN AYALA FELIX | NOVIEMBRE 30, 2025 | GUATEMALA | CANCIONES | BOHEMIA SUBURBANA
PECES E IGUANAS: LA CANCIÓN QUE DEFINIÓ EL ROCK GUATEMALTECO
Algunas canciones surgen en rincones mínimos y, casi sin proponérselo, acaban extendiéndose hasta volverse universales. No lo hacen por diseño ni por ambición, sino porque logran capturar una verdad que estaba suspendida en el ambiente y que nadie había sabido nombrar. Peces e Iguanas pertenece a ese linaje. Un tema que salió de un garaje en la ciudad de Guatemala a principios de los noventa y que, sin pedir permiso, se convirtió en un himno del rock guatemalteco y en una pieza clave de la memoria musical de toda una generación.
La historia comienza en marzo de 1992, cuando un grupo de jóvenes músicos se reúne para tocar sin demasiadas pretensiones más allá de hacer ruido, buscar identidad y encontrar un lugar propio en una ciudad marcada por años de conflicto, silencio y reconstrucción emocional. De esos encuentros surge Bohemia Suburbana, una banda que desde el nombre ya insinuaba su postura: urbana, inconforme, poética sin solemnidad, conectada con lo cotidiano y lo marginal. En ese contexto, Peces e Iguanas no aparece como una canción destinada a liderar listas ni a definir una escena, sino como una expresión honesta de un momento histórico y personal.
Un año después, la banda había acumulado suficientes canciones como para atreverse a publicar su primer material en formato casete. Sombras en el Jardín fue un proyecto independiente, casi artesanal, que incluía las primeras versiones de En el Jardín, Yo te Vi y Peces e Iguanas. Grabado en el estudio de la Universidad Panamericana de Guatemala, el material capturaba una urgencia difícil de fabricar: guitarras directas, letras abiertas a la interpretación y una sensación de búsqueda que conectaba con una juventud que necesitaba nuevas voces para narrarse a sí misma.
El impacto fue inmediato. Peces e Iguanas comenzó a sonar en las radios día y noche, cruzando barrios, edades y contextos sociales. No era una canción diseñada para agradar a todos, pero terminó siendo escuchada por todos. Algo en su atmósfera, en su tensión contenida, en su forma de nombrar sin explicar del todo, resonó profundamente en un país que aún intentaba entenderse después de décadas de violencia y fragmentación. La canción se volvió un punto de encuentro, un lugar común desde donde sentirse parte de algo más grande.
Ante el incipiente éxito de la banda, el sello Primera Generación Records decidió relanzar Sombras en el Jardín en formato compacto, agregando Dios es Ajeno y Del fin como bonus tracks. Ese gesto no solo amplió el alcance del disco, sino que consolidó a Bohemia Suburbana como una de las propuestas más sólidas del rock guatemalteco de la época. Peces e Iguanas ya no era solo una canción conocida, sino una referencia obligada dentro del nuevo mapa musical del país.
Pero el verdadero salto llegó en 1996, cuando la banda fue auspiciada por la disquera Radio Vox Records para viajar a Miami y grabar su segunda producción, Mil palabras con sus dientes. El disco fue registrado en los estudios Criteria bajo la producción de Rodolfo Castillo y Gustavo Menéndez, con Benny Faccone como ingeniero de sonido, y mezclado posteriormente en Castle Oaks, en Los Ángeles. El cambio de entorno se reflejó en el sonido: más contundente, más eléctrico, con una clara influencia del punk y del grunge que dominaban el panorama mundial, pero sin perder la identidad lírica que había definido a la banda desde el inicio.
Aunque Mil palabras con sus dientes trajo consigo nuevas canciones que también marcaron época, como Aire, Planeta Hola, Oberol o Yo te Vi, Peces e Iguanas siguió ocupando un lugar central en el repertorio y en la relación de la banda con su público. La canción se transformó en una especie de ritual colectivo, coreada en bares, festivales y conciertos dentro y fuera de Guatemala. Sonó en Centroamérica, Puerto Rico y distintas ciudades de Estados Unidos, llegando a lugares que la banda jamás imaginó alcanzar cuando la compuso.
Ese fenómeno no fue casual. Peces e Iguanas funcionó como un espejo generacional. Su letra abierta, su tono inquieto y su estructura emocional permitían múltiples lecturas. No imponía un mensaje cerrado, sino que ofrecía un espacio donde cada oyente podía proyectar sus propias dudas, frustraciones y deseos. En un contexto donde muchas canciones aún respondían a fórmulas heredadas o a discursos explícitos, Bohemia Suburbana apostó por la ambigüedad y la honestidad emocional, y el público respondió apropiándose de la canción como propia.
El crecimiento de la banda los llevó a compartir escenario con nombres fundamentales del rock latinoamericano. Fueron teloneros de artistas como Vilma Palma e Vampiros, Enanitos Verdes, Fito Páez, Café Tacuba, Aterciopelados, Héroes del Silencio, Jaguares, Maná y La Ley, entre muchos otros. En cada uno de esos encuentros, Peces e Iguanas funcionaba como una carta de presentación que no necesitaba explicación. Bastaban los primeros acordes para que la conexión se activara.
Con el paso del tiempo, la canción dejó de pertenecer exclusivamente a Bohemia Suburbana y pasó a formar parte del imaginario cultural guatemalteco. Se convirtió en un referente inevitable cuando se habla del surgimiento y consolidación del rock nacional. No solo por su éxito radial, sino por lo que representó simbólicamente: la posibilidad de que una banda local, cantando desde su propio contexto, pudiera trascender fronteras sin diluir su identidad.
Hoy, escuchar Peces e Iguanas es volver a un momento fundacional. A una época en la que el rock en Guatemala encontró una voz clara, una estética reconocible y una sensibilidad compartida. Es recordar que las canciones más importantes no siempre nacen en grandes estudios ni con presupuestos abultados, sino en espacios íntimos donde la urgencia creativa se impone sobre cualquier cálculo.
Peces e Iguanas sigue sonando porque sigue diciendo algo. Porque su energía no pertenece a una moda específica ni a un sonido fechado, sino a una emoción persistente. Es el testimonio de una banda que supo leer su tiempo y transformarlo en música, y de una escena que encontró en esa canción una forma de reconocerse. Más que un éxito, Peces e Iguanas es un punto de partida. Un recordatorio de que, a veces, una canción basta para cambiar la historia de un lugar.
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