BUNBURY – “LA ÚLTIMA CURDA”

BY JANIN AYALA FELIX | NOVIEMBRE 30, 2025 | ESPAÑA | CANCIONES | BUNBURY

BUNBURY SE HUNDE EN EL TANGO CON “LA ÚLTIMA CURDA”

La versión que Enrique Bunbury entrega de “La Última Curda”, publicada este agosto como anticipo del box set que celebra los 20 años de El viaje a ninguna parte, es mucho más que un cover respetuoso. Es un homenaje espectral, intenso, a ese universo desgarrado que define al tango. Escrita en 1956 por Cátulo Castillo con música de Aníbal Troilo, “La Última Curda” se sumerge sin anestesia en la desesperación existencial y la vulnerabilidad cruda del género. Que Bunbury haya terminado abrazando este clásico no resulta extraño. Su carrera siempre ha estado marcada por una atracción casi natural hacia los abismos emocionales.

El tango es un territorio donde mandan el dolor, la melancolía y una honestidad brutal que no admite imposturas. Y ahí es donde Bunbury, exlíder de Héroes del Silencio, se mueve con comodidad. Su voz, áspera y curtida por años de exploración sonora, se enrosca en cada verso con una convicción que no se actúa, se vive. Cuando canta “Lástima, bandoneón, mi corazón…”, no hace falta cerrar los ojos para imaginar calles húmedas de Buenos Aires, bares en penumbra y almas rotas apoyadas en la barra.

El arreglo es austero y contundente. No hay artificios ni capas innecesarias. La voz de Bunbury ocupa el centro absoluto, sostenida por el lamento del bandoneón, ese instrumento que en el tango no acompaña, confiesa. Suena como un animal herido buscando consuelo al fondo de un vaso. Esa sencillez permite que el peso de la letra caiga sin filtros, especialmente en el coro, cuando Bunbury escupe con gravedad “Contame tu condena, decime tu fracaso…”. Es un momento de confesión total, no solo del personaje de la canción, sino de un artista que mira hacia atrás tras dos décadas de carrera solista.

No es la primera vez que Bunbury se apropia de canciones ajenas. A lo largo de los años ha dialogado con el flamenco, la ranchera, la música latina y el rock fronterizo, siempre impregnándolo todo con su identidad oscura y teatral. Pero “La Última Curda” juega en otra liga. No suena a homenaje académico ni a experimento estilístico. Suena a experiencia. El desencanto, la frustración y la lucidez que atraviesan la letra parecen reflejar su propio camino artístico, uno marcado por la reinvención constante y una fidelidad inquebrantable a la emoción verdadera.

La elección de este tango también marca el tono del box set que verá la luz en noviembre. El viaje a ninguna parte fue un punto de quiebre en su historia, el disco que terminó de separarlo del pasado con Héroes del Silencio y lo lanzó a una búsqueda personal sin mapas. Volver ahora sobre ese periodo, acompañado de un tango eterno como “La Última Curda”, es una forma de anclar su recorrido en algo más grande que él mismo. En una emoción universal que no entiende de épocas ni géneros.

Para los seguidores de siempre, esta versión confirma que Bunbury sigue fiel a su impulso de romper fronteras. Para quienes se acercan por primera vez, funciona como una puerta de entrada directa a un artista que nunca ha aceptado quedarse quieto. En cualquier caso, su interpretación deja claro que, sin importar cuánto haya cambiado el paisaje musical a su alrededor, Bunbury siempre ha perseguido lo mismo: la verdad que se esconde en el dolor.

Al final, “La Última Curda” no es solo una versión más. Es una declaración. Una canción sobre el último trago, la última oportunidad de sentir algo auténtico antes de que caiga el telón. Y en esa despedida, Bunbury vuelve a demostrar que pocos saben cantar la derrota con tanta dignidad.

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