JUANES – “A DIOS LE PIDO“

BY JANIN AYALA FELIX | NOVIEMBRE 30, 2025 | COLOMBIA | CANCIONES | JUANES | LAS CLÁSICAS

A DIOS LE PIDO: LA ORACIÓN QUE JUANES CONVIRTIÓ EN HIMNO

Algunas canciones empiezan como un susurro personal y con el tiempo se transforman en una voz compartida. Pocas lo logran sin perder su centro emocional. “A Dios le pido” es una de ellas. No es solo el primer gran himno de la carrera solista de Juanes, ni únicamente el sencillo que abrió las puertas de su segundo álbum Un día normal en 2002. Es, sobre todo, una oración hecha canción que encontró eco en millones de personas porque hablaba de lo esencial en un momento en que Latinoamérica necesitaba palabras simples para nombrar heridas profundas.

Juanes venía de romper un cascarón pesado. Durante casi quince años había sido el guitarrista y compositor de Ekhymosis, una banda clave del rock colombiano de los noventa, marcada por la crudeza y la distorsión. Su debut solista, Fíjate bien, había sido un disco oscuro, introspectivo, atravesado por la violencia de su país y por una necesidad urgente de decir. Un día normal, en cambio, fue un disco que miró hacia la luz sin negar la sombra. “A Dios le pido” funciona como la puerta de entrada a ese cambio de tono.

La canción nació lejos de casa, en medio de una gira, en un espacio donde el cuerpo está en tránsito y la cabeza viaja todavía más lejos. Juanes la compuso sentado junto al chofer del autobús, con una guitarra acústica apoyada sobre las piernas, sin pensar en rankings ni premios. Fue una improvisación que apareció de golpe, como si la canción ya existiera y solo estuviera esperando ser dicha. La primera frase marcó el camino. Ahí entendió que no estaba escribiendo un tema más, sino una plegaria laica, una lista de deseos urgentes dirigida a algo superior, llámese Dios, destino o simple esperanza.

“A Dios le pido” es una canción que enumera. Pide por la familia, por los hijos que aún no existen, por el amor, por el futuro. Pero hay un verso que la eleva por encima de lo personal y la instala en la memoria colectiva: “a Dios le pido que mi pueblo no derrame tanta sangre y se levante mi gente”. En ese momento, la canción deja de pertenecerle solo a su autor. Se convierte en un espejo de una región marcada por la violencia, el conflicto y la desigualdad. No es una consigna política explícita, pero sí un deseo profundamente político, porque pide paz desde la emoción y no desde el discurso.

Musicalmente, “A Dios le pido” es una síntesis brillante del lenguaje que Juanes estaba construyendo. Es pop, pero con raíces profundas. Tiene una progresión que remite al vallenato y a la música huasca colombiana, esa música de cantina que suena a tierra, a polvo y a historias contadas al borde de la madrugada. La batería es rockera, firme, casi marcial, mientras la melodía se mueve con una cadencia que también dialoga con la salsa y con la canción romántica latinoamericana. Es una mezcla que no se siente forzada, porque nace de un lugar honesto.

La producción estuvo a cargo de Gustavo Santaolalla y Aníbal Kerpel, socios creativos fundamentales en la carrera de Juanes. Grabada en La Casa Studios en Los Ángeles, la canción suena pulcra sin perder calidez. No hay exceso. Cada instrumento está al servicio de la voz, que es el verdadero centro emocional del tema. Juanes canta con una mezcla de fragilidad y convicción que resulta desarmante. No suplica, pero tampoco declama. Pide.

El impacto fue inmediato. “A Dios le pido” se convirtió en el sencillo de presentación de Un día normal y rápidamente escaló en las listas. Pasó 47 semanas consecutivas en el Billboard Hot Latin Tracks, alcanzando el número dos y siendo bloqueada del primer puesto por otros éxitos del momento. Fue número uno en Colombia durante más de cuatro meses y, con el tiempo, alcanzó la cima en doce países de tres continentes distintos. En 2006, tras el fenómeno global de “La camisa negra”, la canción fue relanzada en Europa y volvió a encontrar nuevos oyentes, confirmando que su mensaje no estaba atado a un contexto específico.

El reconocimiento institucional también llegó. En 2002, “A Dios le pido” ganó el Latin Grammy a Mejor Canción de Rock, consolidando a Juanes como una de las voces más importantes del nuevo siglo en la música latina. Pero más allá de los premios, el verdadero logro fue convertirse en un himno de paz. La canción fue cantada en conciertos multitudinarios, en marchas, en actos solidarios y en contextos donde la música funcionó como refugio emocional.

El videoclip, rodado en Cuernavaca y dirigido por Gustavo Garzón, amplificó el mensaje. Imágenes de campos de maíz, gente bailando, Juanes caminando mientras balas cruzan el aire. Vida y muerte conviviendo en un mismo plano. El contraste no es sutil, pero sí efectivo. La belleza del paisaje frente a la amenaza constante resume el espíritu de la canción. La participación de Karen Carreño como figura central del video aportó un rostro humano a esa narrativa, y para ella significó un punto de inflexión en su carrera.

Con el paso del tiempo, “A Dios le pido” trascendió su versión original. Fue interpretada en estilos tan diversos como el flamenco, la salsa, el latin jazz, la ópera y hasta en otros idiomas. Cada versión confirma la misma idea: la canción es un recipiente emocional que puede adaptarse sin perder su esencia. Incluso fue utilizada con fines solidarios, como en los conciertos Principales Solidarios en España, donde funcionó como cierre simbólico de una gira destinada a recaudar fondos para la infancia vulnerable.

Hay una anécdota que resume la universalidad involuntaria de la canción. En una entrevista en Alemania, una periodista le preguntó a Juanes quién era “Lepido”, creyendo que el cantante se despedía de alguien llamado así. El malentendido provocó risas, pero también revela algo más profundo. Incluso sin comprender del todo la letra, la gente conectaba con la emoción. La música ya estaba haciendo su trabajo.

“A Dios le pido” sigue siendo, más de dos décadas después, uno de los pilares del repertorio de Juanes. Es una canción que no envejece porque no habla de modas ni de coyunturas pasajeras. Habla de deseos básicos, de miedos compartidos y de una esperanza que insiste en mantenerse viva. En tiempos de ruido, polarización y cinismo, sigue recordando que pedir también es un acto de valentía.

No todas las canciones están hechas para cambiar el mundo. Algunas, simplemente, ayudan a sostenerlo un poco más. “A Dios le pido” pertenece a esa categoría rara y necesaria: la de las canciones que, sin levantar la voz, logran ser escuchadas por millones.

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