BY JANIN AYALA FELIX | NOVIEMBRE 30, 2025 | CHILE | CANCIONES | BETO CUEVAS
BETO CUEVAS RESPIRA, REGRESA Y RENACE: EL ROCK CHILENO VUELVE A LATIR
Hay artistas que vuelven. Y hay artistas que regresan respirando distinto, como si cada bocanada de aire trajera un nuevo acento, una nueva piel, una nueva manera de pararse frente al mundo. Beto Cuevas pertenece a ese segundo grupo. Después de una gira acústica que recorrió Latinoamérica dejando teatros agotados y ovaciones de pie, el cantante chileno —voz histórica de La Ley y uno de los nombres imprescindibles del rock en español— irrumpe nuevamente en el panorama musical con “¡Respira!”, un sencillo que no solo marca su regreso, sino también el inicio de una etapa artística completamente renovada.
No es exageración decir que “¡Respira!” funciona como manifiesto. El tema, producido por su colaborador cercano Guillermo Porro, sintetiza el espíritu del álbum que Beto prepara para 2026: guitarras orgánicas, energía rockera, capas electrónicas que modernizan el paisaje y, sobre todo, una voz que no ha perdido la profundidad magnética que lo convirtió en símbolo generacional. Es un retorno a las raíces, sí, pero también un salto hacia adelante, hacia un sonido más maduro, introspectivo y emocional.
“Vivimos rodeados de ruido, de prisa, de exigencias que nos desconectan de lo verdaderamente importante. Descubrí que respirar con conciencia puede ser un acto de libertad”, confiesa Cuevas. Ese es el núcleo del sencillo: una invitación urgente a romper el automatismo, a detenerse, a volver a sentir el presente sin filtros. Un mensaje que llega en un momento en el que la ansiedad global parece haberse instalado como banda sonora permanente.
Los últimos años han sido intensos para Beto. A lo largo del 2025 lanzó una serie de sencillos —“El Duelo”, “Vuelvo”, “Mentira”— que reavivaron su potencia interpretativa y recordaron la enorme influencia que tuvo y sigue teniendo en el rock hispanohablante. Pero su proyecto más revelador fue Beto Cuevas Acústico, un álbum íntimo que revisita quince canciones emblemáticas de su trayectoria. En estas versiones despojadas, su voz ocupa el centro absoluto, sin murallas sonoras, sin artificios. Los conciertos de la gira acústica confirmaron algo que el público ya intuía: Cuevas no solo conserva su brillo escénico, sino que lo ha refinado, lo ha pulido, lo ha convertido en un acto de cercanía emocional.
“El Duelo” y “Mentira” —canciones que definieron los noventa latinoamericanos— se transformaron en piezas frágiles y luminosas, capaces de conectar con audiencias nuevas sin perder el filo que las hizo históricas. Fue el tipo de éxito que no se mide solo en números, sino en miradas, en aplausos largos, en silencios sostenidos después de cada acorde.
Esa etapa acústica, paradójicamente, sirvió para preparar la tierra de lo que ahora florece: un renacimiento rockero.
Desde los primeros segundos, “¡Respira!” deja claro que no estamos ante un simple adelanto, sino ante la declaración estética de un nuevo capítulo. La producción abre con un paisaje sonoro moderno, donde las guitarras parecen respirar junto con él y una textura electrónica se mueve como una corriente subterránea que empuja la canción hacia adelante.
El tema combina la nostalgia de sus raíces con un pulso actual que no suena a repetición ni a fórmula, sino a redescubrimiento. Cuevas ha encontrado un punto de equilibrio entre la contundencia del rock alternativo que definió su carrera y la sensibilidad contemporánea de un artista que ha aprendido a mirar hacia adentro.
La letra, sencilla y honesta, acierta en su minimalismo emocional: no predica, no grita, no sermonea. Invita. A detenerse. A despejar. A inhalar. En un planeta cada vez más saturado por el ruido, respirar es un acto de resistencia.
Hablar de Beto Cuevas es hablar de una de las voces más reconocidas en la historia del rock latinoamericano. Ganador de tres Latin GRAMMYs y un GRAMMY estadounidense, autor de himnos que moldearon generaciones, la voz detrás de discos icónicos como Invisible, Vértigo y Uno, Cuevas ha demostrado una capacidad excepcional para reinventarse sin perder la esencia que lo hace irrepetible.
En una industria donde muchos artistas quedan atrapados en la nostalgia de sus éxitos pasados, él ha optado por lo más difícil: seguir en movimiento. No competir con sus versiones más jóvenes, sino dialogar con ellas. “¡Respira!” es la prueba de ese diálogo interno, un puente entre el Beto que lideró La Ley en los noventa y el Beto que hoy, entrada la madurez artística, sigue explorando, arriesgando y construyendo.
Aunque el disco completo aún no tiene título público, este adelanto deja entrever el tono que definirá el proyecto: rock orgánico, emociones profundas, búsquedas humanas. Según fuentes cercanas, el álbum será el más introspectivo y conceptual que Beto haya creado desde Hombre y Transformación. Una obra que abandona la velocidad para abrazar el detalle. Que vuelve al cuerpo, al pulso, al corazón.
Después de años de movimiento —giras, colaboraciones, acústicos, revisiones—, Cuevas está listo para entregar una obra que refleje quién es hoy, sin adornos innecesarios.
En un mundo que corre demasiado rápido, Beto Cuevas hace algo contracultural: se detiene y respira. Y en ese acto sencillo encuentra un universo entero para convertir en canción. “¡Respira!” no es solo un adelanto, es un aviso. Lo que viene no será un regreso cualquiera: será una reconfiguración, una reafirmación de por qué Beto sigue siendo una figura indispensable del rock en español.
La canción marca un punto de partida, un recordatorio de que los artistas más grandes no se apagan: evolucionan. Y esta vez, el aire que Beto inhaló parece traer algo grande. Algo nuevo. Algo necesario.
Un nuevo ciclo comienza. Y ahora sí, Beto Cuevas respira. Y nosotros respiramos con él.
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