BY JANIN AYALA FELIX | OCTUBRE 12, 2018 | ARGENTINA | CANCIONES | BABASÓNICOS
LA PREGUNTA: BABASÓNICOS Y EL ARTE DE DUDAR EN TIEMPOS DE CERTEZAS ENDÉBILES
En el vasto y movedizo territorio del rock en español hay bandas que sobreviven adaptándose, repitiendo fórmulas que alguna vez funcionaron. Y están las que entienden la sobrevivencia como reinvención permanente, como un ejercicio radical de incomodidad creativa. Babasónicos pertenece sin discusión a esta segunda estirpe. Su historia no es una línea recta, sino una secuencia de mutaciones estéticas, conceptuales y sonoras que desbordan cualquier intento de encasillamiento. “La pregunta”, estrenada en 2018 como adelanto de Discutible, marca uno de esos puntos de inflexión que definen la identidad del grupo: un manifiesto que, lejos de ofrecer respuestas fáciles, propone el acto de dudar como un gesto profundamente político, artístico y humano.
La génesis del tema encuentra a Adrián Dárgelos en un momento particular de introspección creativa. Ya no se trataba de provocar desde el escándalo pop o la seducción irónica que había caracterizado las etapas anteriores del grupo. Ahora el foco estaba puesto en pensar la música, debatirla desde dentro. Capitalizar el error como potencia, acariciar la modernidad sin caer de lleno en la vanguardia, sorprender sin romper del todo las reglas del juego. Ese delicado equilibrio entre riesgo y accesibilidad encontró en “La pregunta” su expresión más nítida.
La canción abre casi en modo confesión: una voz semirecitada, barba espesa y temple contenido, sobre un sintetizador minimalista, denso, aparentemente inmóvil. “A veces me echan de mi propia casa, una hora antes que me lo merezca”. No se sabe bien quién expulsa a quién ni por qué, pero la imagen resulta profundamente simbólica. Es la sensación del desarraigo moderno, ese estar siempre a punto de quedar afuera, incluso de los propios espacios construidos con esfuerzo. Luego aparece el beat hipnótico, una pulsación grave que sostiene la pieza y la empuja hacia adelante sin necesidad de estallidos épicos. En Babasónicos, desde hace tiempo, lo épico dejó de ser un recurso sonoro para convertirse en una experiencia conceptual.
Dárgelos lo dijo claramente al reflexionar sobre el impacto del tema. “Nosotros planteamos la discusión y el discurso es nuestro, son las canciones. Creo que con ‘La pregunta’ logramos que se debata algo”. El cantante no exagera. Pocas canciones del rock reciente generaron tanto eco fuera del ámbito estrictamente musical. Ensayos, columnas filosóficas, lecturas desde el pensamiento contemporáneo encontraron en esta letra un disparador inesperado. Uno de los textos más resonantes fue firmado por el periodista Pablo Schanton y Lea Uría García en la revista cultural Otra Parte. Allí señalaban que “La moraleja plantea la necesidad de la pregunta como un ejercicio colectivo cuando todo se cae, cuando es más difícil que nunca decir y ser escuchado. Precisamente ahora queremos pensar la pregunta. Y que nos la dejen preguntar”. Esa reflexión encapsula el espíritu de la obra: la validación del interrogante como derecho fundamental frente al derrumbe de certezas.
En “La pregunta” no hay consignas ni banderas explícitas. Hay dudas existenciales que funcionan como dardos lanzados al aire de una época convulsa. “¿Quién está dispuesto a morir?” “¿Quién está dispuesto a matar?”. Preguntas que trascienden cualquier coyuntura local y se clavan en el corazón del debate universal sobre la violencia, la identidad y la responsabilidad colectiva. La canción no pretende dictar moral ni soluciones. Propone una pausa incómoda para pensar lo impensado en momentos donde el ruido mediático busca aplastar la reflexión.
Esta pieza inaugura el último ciclo creativo de Babasónicos, hasta ahora compuesto por dos capítulos discográficos: Discutible y Trinchera. Ambos registros comparten una narrativa sonora en la que la banda se repliega hacia un minimalismo elegante, casi clínico, donde cada elemento ocupa un lugar específico y nada sobra. No hay muros de guitarras ni barroquismos innecesarios. Hay beats orgánicos, sintetizadores contenidos y una voz que ahora canta menos hacia afuera y más hacia adentro. Lo que antes era hedonismo frontal se convierte en una sensualidad reflexiva, en una pulsión más cerebral que corporal.
Dárgelos sintetiza esta etapa con una frase demoledora: “A nosotros nos gusta pensar la música, que es lo mínimo que se le debe exigir a una banda. No hacer música porque sí. Porque sí lo podés hacer entre los 19 y los 24; después tenés que pensar la música”. La afirmación podría parecer soberbia si no estuviera respaldada por una trayectoria consistente. Babasónicos no se conformó nunca con repetir el flow del sentir. Cada etapa implicó sentarse a discutir estéticamente su lugar dentro del mapa sonoro latinoamericano. Esa necesidad de reflexión los mantiene vigentes en un contexto donde muchos proyectos se agotan tras el primer impacto.
“La pregunta” no solo introduce un nuevo orden orquestal para la banda, también propone una forma diferente de narrar el presente. No busca describirlo con crudeza literal sino retratar su confusión moral. La sensación de que la historia se escribe de cabeza, de que las brújulas éticas están descalibradas, se filtra en cada verso. La canción funciona como espejo inquietante de una sociedad que duda de todo menos de la necesidad permanente de opinar sin pensar.
El estreno del videoclip reforzó esa lectura conceptual. Ambientado en un futuro primitivo, el video propone un viaje tecno-natural que parece avanzar hacia atrás. Un mundo donde tecnología y naturaleza conviven en un estado de tensión permanente, como si la humanidad estuviera condenada a girar en círculos, incapaz de resolver sus dilemas esenciales. La estética visual dialoga con la canción sin ilustrarla de forma obvia. Es un complemento poético, una imagen abierta que invita a la interpretación subjetiva.
Como primer adelanto de un nuevo disco cuya salida fue anunciada para el 12 de octubre, “La pregunta” también marcó el inicio de una etapa de expectativa intensa en torno a la evolución futura de Babasónicos. El show en el Estadio Obras, programado para el 10 de agosto, se planteó como una suerte de ritual anticipado, una reunión con el público para compartir no solo canciones nuevas sino una estética renovada, más introspectiva, menos explosiva pero igual de potente.
La formación que sostiene esta etapa es una máquina de precisión artística: Adrián Dárgelos en la voz como eje conceptual; Mariano Roger y Diego Uma en guitarras, responsables de un sonido más atmosférico que riffero; Diego Tuñón desde teclados construyendo capas sutiles; Diego Castellano en batería marcando pulso contenido; Carca sumando texturas desde la percusión; y Tuta Torres en bajo sosteniendo la columna vertebral de groove elegante.
Más allá de los nombres y las fechas, lo verdaderamente importante es el lugar que “La pregunta” ocupa en la discografía de Babasónicos. No es un simple single, ni siquiera una canción destacada. Es una declaración de principios. En una época obsesionada con respuestas rápidas, consignas binarias y certidumbres prefabricadas, Babasónicos propone el arte de preguntar como una forma de resistencia. Pensar antes que reaccionar. Dudar antes que afirmar. Explorar antes que sentenciar.
Tal vez por eso la canción sigue reverberando años después. Porque no responde a una coyuntura pasajera, sino a una inquietud profunda que sigue vigente: la necesidad de recuperar el pensamiento crítico en medio del ruido. “La pregunta” no intenta calmar la ansiedad colectiva. Hace exactamente lo contrario. La aviva. Y en ese gesto, Babasónicos confirma que la verdadera revolución del rock no siempre grita. A veces, piensa.
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