ENTRE LA LUZ Y EL FUEGO: MIGUEL BOSÉ SIN FILTROS

Miguel Bosé nació el 3 de abril de 1956 en la Ciudad de Panamá, pero su verdadera cuna fue un territorio más abstracto y luminoso: la intersección entre la alta cultura europea, el mito del toreo y la bohemia artística del siglo veinte. Hijo de la actriz italiana Lucía Bosè y del torero español Luis Miguel Dominguín, creció en un ambiente donde Pablo Picasso se paseaba por la sala como un tío excéntrico, Ernest Hemingway contaba historias al borde de la mesa, y Luchino Visconti lo apadrinaba con la solemnidad del cine italiano clásico. Para Miguel, la infancia no era solo memoria familiar, sino un preludio intenso a una vida que lo pondría siempre en el centro del escenario.

En 1971 comenzó su carrera como actor, apareciendo en películas que le exigieron aprender rápido que la belleza abre puertas, pero el talento es lo que te mantiene dentro. Estudió actuación, canto y danza mientras intentaba abrirse camino más allá del peso de su apellido. Cuando las oportunidades escasearon, en 1975 decidió probar con la música. Camilo Sesto lo ayudó a grabar sus primeros sencillos, una alianza que marcó su entrada al pop en español. En 1977 firmó con CBS Records y lanzó *Linda*, un debut que lo convirtió en ídolo juvenil en España, Italia y gran parte de América Latina. Durante los siguientes años encadenó siete éxitos que lo convirtieron en una presencia permanente en festivales televisivos, un fenómeno pop que recorría el mundo mediterráneo con la facilidad de quien había nacido para los reflectores.

Pero las luces juveniles se apagan rápido. Hacia 1983 su popularidad en Italia cayó en picada, y Bosé decidió reconfigurar su carrera, enfocándose de lleno en Latinoamérica. Fue un desplazamiento estratégico y emocional, una migración artística hacia territorios donde su voz encontraba mayor resonancia. En 1984 reinventó su imagen y su sonido con *Bandido*, un álbum que lo separó de la etiqueta adolescente y lo colocó frente a un público más adulto. Con *Amante bandido* alcanzó un nuevo punto de quiebre, un éxito masivo que combinaba teatralidad, sensualidad y un toque camaleónico que evocaba a David Bowie. El videoclip, donde Bosé jugaba con identidades heroicas y aventureras, se convirtió en uno de los más vistos de su tiempo.

Mientras en Italia ganaba su tercer Festivalbar en 1994, en América Latina seguía consolidándose como figura central del pop en español. Su capacidad de reinventarse quedó demostrada una vez más en 2007 con *Papito*, un disco de duetos donde revisó sus clásicos acompañado por estrellas como Juanes, Shakira, Laura Pausini, Julieta Venegas, Michael Stipe, Ricky Martin y su propia sobrina, Bimba Bosé. “Nena”, reinterpretada junto a Paulina Rubio, se convirtió en una descarga digital masiva y lo llevó a una nominación al Latin Grammy. Ese mismo año recibió el Billboard Latin Music Lifetime Achievement Award, un reconocimiento a tres décadas de trayectoria.

Su vínculo con América Latina se profundizó en 2008, cuando el presidente colombiano Álvaro Uribe le ofreció la ciudadanía por su participación en eventos a favor de la paz. Bosé la recibió oficialmente en 2010. Dos años más tarde lanzó *Papitwo*, un nuevo repaso por su propio repertorio, esta vez con colaboraciones adicionales que incluían a Juan Luis Guerra, Pablo Alborán, Joaquín Sabina, Malú y Penélope Cruz. Su carrera continuó con proyectos de alto perfil como *Bosé MTV Unplugged* en 2016, donde compartió escenario con Natalia Lafourcade, Fonseca, Marco Antonio Solís y Pablo Alborán. En 2018 brilló en el Festival de Viña del Mar, reinterpretando “Si tú no vuelves” junto al dúo estadounidense Ha*Ash, con quienes volvería a colaborar en 2019. La vida personal de Bosé siempre fue tan comentada como su música. En 1980 declaró ser bisexual, una confesión insólita para la época. Años después se definió como “trisexual”, una palabra que sintetizaba su estilo: irreverente, híbrido, siempre en movimiento. Mantuvo una relación de más de dos décadas con el escultor Ignacio Palau, con quien tuvo cuatro hijos por gestación subrogada. En 2017 sufrió la muerte de su sobrina Bimba, una herida emocional que expuso públicamente.


A PESAR DE LOS GIROS, LAS CONTROVERSIAS Y LAS REINVENCIONES CONSTANTES, MIGUEL BOSÉ SIGUE SIENDO UN SÍMBOLO DEL POP IBEROAMERICANO. SU TRAYECTORIA ATRAVIESA DÉCADAS, GÉNEROS, PAÍSES Y GENERACIONES.


Durante la pandemia de COVID-19, Bosé protagonizó una de las polémicas más intensas de su carrera al convertirse en uno de los negacionistas más visibles del mundo hispanohablante. Sus videos fueron eliminados de plataformas y su presencia mediática se volvió más turbulenta, sumando otra capa a la figura siempre compleja y contradictoria que ha sabido ser. A pesar de los giros, las controversias y las reinvenciones constantes, Miguel Bosé sigue siendo un símbolo del pop iberoamericano. Su trayectoria atraviesa décadas, géneros, países y generaciones. Lo suyo no ha sido solo cantar, sino construir un personaje capaz de mutar sin perder su esencia, un artista que ha vivido entre los excesos del mito y la honestidad del escenario, siempre caminando, como él mismo diría,  por su propio camino de ladrillos amarillos.