
Marciano Cantero nació como Horacio Eduardo Cantero Hernández el 25 de agosto de 1960, en Mendoza, y desde niño encontró en la música un refugio que lo llevaría a convertirse en una de las voces más queridas del rock latinoamericano. Tenía apenas nueve años cuando escuchó por primera vez a The Beatles y The Beach Boys, un descubrimiento que lo marcó para siempre y definió su forma de entender la melodía, la armonía y la emoción en una canción. Con sus ahorros compró su primer bajo, un instrumento que aprendería a dominar con ayuda de su hermano mayor, y que lo acompañaría durante más de cuatro décadas como el corazón rítmico y emocional de todo lo que tocó.
A finales de los años setenta, mientras Argentina vivía los años oscuros de la dictadura militar, Marciano asistía a conciertos del circuito underground, absorbiendo la energía subterránea de una escena que resistía en silencio. En 1979, junto a Felipe Staiti y Daniel Piccolo, formó Enanitos Verdes, una banda que nació entre la inocencia, la rebeldía y el deseo de contar historias desde la provincia, lejos del centralismo porteño. Al principio fueron una curiosidad local, “los enanitos” que tocaban en bares mendocinos, pero pronto se convirtieron en ídolos de su ciudad, llenando salas pequeñas y ganando un público que los seguiría hasta el final. Decididos a crecer, se mudaron a Buenos Aires.
Allí enfrentaron de nuevo la precariedad, tocando en clubes casi vacíos, buscando una oportunidad en una escena ya saturada. Su primer álbum pasó inadvertido, pero el destino cambió cuando firmaron con CBS Argentina. Desde ese punto, Enanitos Verdes empezó su largo viaje continental, cruzando fronteras y entrando a la década del pop rock latino con discos y canciones que se volverían himnos generacionales. Marciano, con su voz cálida y su pluma melódica, se convirtió en el corazón emocional de la banda. Entre giras y grabaciones, inició su carrera solista en 1990 con *Luna Nueva* y *Beat Club*, trabajos donde exploró una sensibilidad más íntima. Pero su aventura en solitario nunca lo alejó del grupo que lo vio nacer. Enanitos Verdes siguió lanzando álbumes, recorriendo América Latina y manteniendo su lugar como referentes de una época en la que el rock en español se hacía continental. En 2006 publicaron *Pescado Original*, uno de sus últimos grandes momentos, que incluyó el éxito *Mariposas*, una canción que mezclaba la nostalgia de Marciano con su capacidad inagotable de crear melodías inolvidables. Ya asentado en Hermosillo, Sonora, Marciano encontró en México un segundo hogar, un espacio desde el cual seguir componiendo y viajando con su música. Sin embargo, en 2022 decidió volver a Mendoza, la tierra donde comenzó todo. Allí pasó sus últimos meses, rodeado de familia, memoria y los paisajes que inspiraron sus primeras canciones.
OFRECIÓ VERDAD, MELANCOLÍA, ESPERANZA Y EL RECORDATORIO DE QUE INCLUSO DESDE LAS PROVINCIAS, INCLUSO DESDE LA ADVERSIDAD, SE PUEDEN ESCRIBIR CANCIONES QUE ATRAVIESAN FRONTERAS Y VIDAS ENTERAS.
El 5 de septiembre de 2022 fue hospitalizado por una afección renal. Tras una cirugía en la que se le extrajo un riñón y parte del bazo, su salud se deterioró rápidamente. Tres días después, el 8 de septiembre, falleció a los 62 años. Su partida dejó un vacío profundo en el rock latinoamericano, pero también un legado luminoso: canciones que han acompañado a millones, historias cantadas con honestidad, y una sensibilidad que convirtió a Marciano Cantero en uno de los compositores más humanos y entrañables de su generación. En cada escenario que recorrió, Marciano ofreció algo más que música. Ofreció verdad, melancolía, esperanza y el recordatorio de que incluso desde las provincias, incluso desde la adversidad, se pueden escribir canciones que atraviesan fronteras y vidas enteras. Su voz sigue sonando porque nunca perteneció solo a él, sino a todos los que alguna vez encontraron consuelo, alegría o compañía en sus melodías.