SIN REGLAS, SIN MIEDO, SIN POSES: LOS CONCORDE Y LA REINVENCIÓN DEL SUPERGRUPO

En un país donde el rock ha producido leyendas, Los Concorde surgieron como una conjunción poco común: un proyecto que reunió a músicos consagrados decididos a liberar su instinto más puro. Formada en 2006, la banda se definió a sí misma como un “supergrupo”, un espacio sin jerarquías ni compromisos contractuales, donde cada integrante podía entrar, salir y dejar huella. Su filosofía era simple: tocar por placer, sin etiquetas, sin egos, con humor y con un oído puesto en el caos sonoro que se gestaba entre el punk, el pop y la ironía mexicana.

Todo comenzó cuando Mauricio Clavería, baterista de La Ley, contactó al vocalista de Fobia, Leonardo de Lozanne, para proponerle un proyecto distinto, más espontáneo y libre que sus respectivas bandas. En una serie de reuniones cargadas de humo, cerveza y riffs improvisados, se unieron Poncho Toledo, exbajista de La Lupita, y Jonás González de Plastilina Mosh. En poco tiempo, el grupo encontró su identidad: un laboratorio sonoro donde la experiencia se mezclaba con el desparpajo.

Su primer sencillo, “Rompecabezas”, fue un éxito inmediato. Aún sin tener un álbum grabado, el tema se convirtió en un himno alternativo que los llevó a debutar en el Festival Vive Latino 2007, uno de los escenarios más exigentes y simbólicos de América Latina. Con apenas unas canciones y ensayos fugaces, Los Concorde demostraron que su química era más poderosa que cualquier estrategia de mercadotecnia. El público los recibió con euforia, reconociendo en ellos la esencia de una generación que había crecido con el rock mexicano de los noventa. En 2008 lanzaron su primer álbum, “Región 4”, producido por Poncho Toledo. El título, tomado de una expresión coloquial usada para referirse a copias de baja calidad, reflejaba el sentido del humor ácido y autocrítico del grupo. Paradójicamente, el disco sonaba sólido, moderno y lleno de actitud. Con más de 20 mil copias vendidas y elogios de la crítica —incluyendo cuatro estrellas de Rolling Stone México—, Región 4 confirmó que el experimento había funcionado. Tres años después regresaron con “Es lo que hay” (2010), también producido por Toledo. El álbum se presentó en el Teatro de la Ciudad de la capital mexicana, con un arte de portada cargado de sarcasmo visual y referencias a la picardía cultural del país. Temáticamente, el disco era una declaración de principios: aceptar la imperfección, abrazar el desmadre y celebrar la autenticidad.


SU ALINEACIÓN ABIERTA HA PERMITIDO COLABORACIONES CON MÚSICOS DE DISTINTAS ESCENAS Y ESTILOS, DESDE EL POP ALTERNATIVO HASTA EL ROCK INDUSTRIAL.


A lo largo de los años, Los Concorde han sido más una hermandad que una banda convencional. Su alineación abierta ha permitido colaboraciones con músicos de distintas escenas y estilos, desde el pop alternativo hasta el rock industrial. Su sonido —una mezcla de riffs directos, letras mordaces y energía de garage— encarna el espíritu del rock mexicano del siglo XXI: libre, sarcástico, provocador y, sobre todo, colectivo. Hoy, el legado de Los Concorde sigue latiendo entre las paredes de estudios y festivales. No son un proyecto efímero, sino un recordatorio de que el rock, cuando se toca sin pretensiones, sigue siendo un acto de fe, camaradería y resistencia.