
Desde finales de los años ochenta, en medio del hervidero sonoro de la Ciudad de México, comenzó a gestarse una de las bandas más sólidas y persistentes del rock alternativo mexicano: La Gusana Ciega. Formada originalmente por Daniel Gutiérrez en voz y guitarra, Manuel Leyva en bajo y Edwin Sours en batería, el trío encontró su identidad en el circuito subterráneo de bares y foros independientes de la capital. Tras los primeros años de presentaciones esporádicas y búsqueda de sonido, la salida de Sours dio paso a la llegada de Germán Arroyo, quien completó una alineación que marcaría el rumbo definitivo del grupo.
El debut discográfico llegó en 1996 con Merlina, un álbum que destilaba melancolía y frescura, con guitarras que oscilaban entre la distorsión y la sutileza melódica. Aquella primera entrega los situó en el mapa del rock mexicano con un sonido diferente, más cercano al indie anglosajón que a la fusión latinoamericana dominante en la época. Un año después, la incorporación del guitarrista Jorge Vilchis, exintegrante de Guillotina, dio forma a la estructura definitiva de la banda y abrió las puertas a su segundo disco, Superbee, un trabajo más maduro, con letras introspectivas y una energía que los llevó a compartir escenario con bandas internacionales como Oasis en 1998.
En 1999, La Gusana Ciega viajó a Estados Unidos para grabar Correspondencia Interna, un álbum que capturó la esencia emocional de su propuesta, consolidando su reputación como una de las agrupaciones más creativas de la llamada Avanzada Regia y del movimiento alternativo nacional. A inicios del nuevo milenio, la banda emprendió una extensa gira por México y Estados Unidos, presentando su disco en vivo lagusanaciega y un año después lanzando un EP en inglés titulado Edición Limitada, donde el tema “Sunday Fever” alcanzó notoriedad al formar parte del soundtrack latinoamericano de la película American Pie.
Cuando todo parecía apuntar a una expansión internacional, el grupo sorprendió a sus seguidores con una repentina disolución en 2002. Durante tres años, cada miembro siguió su propio rumbo: Daniel Gutiérrez formó el proyecto Cosmonova, mientras Germán Arroyo y Jorge Vilchis se unieron a Pardo VanDaik. La pausa terminó en 2005 con un esperado anuncio: la banda regresaba a los escenarios, esta vez con Luis Ernesto Martínez “Lu” en el bajo, sustituyendo a Leyva, quien había emigrado a Estados Unidos.
El regreso vino acompañado del recopilatorio Super Especial, que incluía un DVD con videoclips y material inédito, reafirmando la vigencia del grupo en una escena que había cambiado drásticamente. En 2006 lanzaron La Rueda del Diablo, un álbum que capturó la madurez de su sonido y su capacidad para reinventarse sin perder identidad. Dos años más tarde publicaron Jaibol, una colección de versiones reinterpretadas con un toque de nostalgia y experimentación.
CON SU MEZCLA DE INTROSPECCIÓN POÉTICA, RIFFS ENVOLVENTES Y SENSIBILIDAD POP, HAN DEMOSTRADO QUE NO HACE FALTA VER PARA AVANZAR, SOLO ESCUCHAR EL INSTINTO.
En 2011, con Conejo en el Sombrero, La Gusana Ciega regresó a los estudios con una energía renovada, y en 2014 lanzaron Monarca, un álbum producido por Howard Redekopp, conocido por su trabajo con Tegan and Sara, The New Pornographers y Mother Mother. Este disco marcó un punto alto en su carrera, con una producción impecable que les valió una nominación al Grammy Latino por Mejor Álbum de Rock. Hoy, más de tres décadas después de su nacimiento, La Gusana Ciega se mantiene como una de las bandas más queridas y consistentes del rock mexicano. Con su mezcla de introspección poética, riffs envolventes y sensibilidad pop, han demostrado que no hace falta ver para avanzar, solo escuchar el instinto. Porque como su nombre lo sugiere, su camino ha sido un vuelo ciego, pero siempre hacia adelante.