
Jay de la Cueva nació para estar en un escenario. Desde niño, cuando apenas alcanzaba el bajo de Micro Chips, ya respiraba música con la misma naturalidad con la que otros respiran aire. Hijo de Javier de la Cueva, legendario pianista del rock mexicano de los sesenta, creció entre estudios de grabación, vinilos y la certeza de que el rock no era solo un género, sino una forma de vida. Su carrera, tan multifacética como su talento, lo ha llevado a ser bajista, guitarrista, baterista, pianista, cantante, productor, actor y hasta modelo. En la historia del rock latino, pocos artistas pueden presumir de haber pertenecido a tantas bandas icónicas y de haber sobrevivido a todas ellas reinventándose una y otra vez.
Su primera etapa comenzó con Micro Chips, el grupo infantil de rock que marcó a toda una generación ochentera. Ahí, Jay era el bajista prodigio: un niño con precisión técnica y actitud de estrella. Pero su inquietud musical lo empujó más allá de la fórmula pop. Pasó fugazmente por Víctimas del Dr. Cerebro, aportando su energía a un proyecto más salvaje y teatral, antes de formar parte de Los Odio!, donde ya experimentaba con sonidos más alternativos.
En 1995, junto a Micky Huidobro y Tito Fuentes, fundó Molotov, la banda que encendería una revolución en el rock latino. Jay fue uno de sus fundadores, pero la historia lo llevó pronto hacia otro destino: ese mismo año se unió a Fobia, una de las agrupaciones más influyentes del movimiento Rock en tu idioma. Con Fobia, Jay no solo se consolidó como multiinstrumentista, sino también como parte de la nueva ola del rock mexicano que abrazaba la ironía, el arte y la experimentación. En 1999, dio un giro inesperado al unirse al proyecto electrónico Titán, demostrando que su curiosidad musical no tenía fronteras. Dos años más tarde, su genio se desdobló en una creación que lo llevaría al estrellato masivo: Moderatto. Bajo el alter ego de Bryan Amadeus, Jay encarnó al antihéroe glam del rock mexicano. Con maquillaje, lentejuelas y riffs de guitarra que evocaban a KISS y Mötley Crüe, Moderatto se convirtió en un fenómeno cultural. Durante más de dos décadas, entre 2001 y 2023, Bryan Amadeus fue un símbolo del exceso, la parodia y la pasión por el rock. Detrás de esa figura teatral, Jay mantenía el pulso de un músico auténtico que entendía el humor y el homenaje como dos caras del mismo amor por el género.
Pero Jay nunca se conformó con una sola piel. También participó en el supergrupo Mexrrissey, reinterpretando los clásicos de Morrissey y The Smiths con un sabor mexicano que mezclaba ironía, melancolía y mariachi. Su carrera, como su sonido, siempre ha sido una celebración de los contrastes.
JAY DE LA CUEVA NO ES SOLO UN NOMBRE EN LA HISTORIA DEL ROCK MEXICANO; ES UNA ENCARNACIÓN DE SU EVOLUCIÓN.
En 2024, Jay de la Cueva se despojó de todos los personajes y presentó su primer álbum solista, Jay de la Cueva, una obra introspectiva y elegante donde cada nota suena como una confesión. Sin maquillaje ni alter ego, el artista volvió al origen: a la sensibilidad del niño que tocaba el bajo en Micro Chips, pero con la madurez del músico que ha tocado todos los instrumentos de su destino. Jay de la Cueva no es solo un nombre en la historia del rock mexicano; es una encarnación de su evolución. Un artista que ha transitado por todas las eras, desde el pop infantil hasta la electrónica experimental y el glam rock, sin perder nunca su brújula: la pasión desbordada por la música y el deseo eterno de seguir creando.