EN ALGÚN LUGAR DEL TIEMPO: LA HISTORIA VIVA DE DUNCAN DHU

En la España de mediados de los ochenta, cuando el rock urbano y las guitarras distorsionadas dominaban el panorama musical, un trío de San Sebastián decidió ir a contracorriente. Duncan Dhu nació en 1984, formado por Mikel Erentxun, exvocalista de Aristogatos, junto con Diego Vasallo y Juan Ramón Viles, provenientes de Los Dalton. En una época marcada por la crudeza del sonido radical vasco, ellos optaron por un camino más acústico, melódico y luminoso. Su propuesta era una oda a la sencillez: pop-rock con un toque de rockabilly, letras románticas y una estética nostálgica que evocaba un pasado en blanco y negro.

Firmaron con el sello Grabaciones Accidentales, S.A., con quienes debutaron aportando dos temas —“Mi Amor” y “Bésame Mucho”— a la compilación La única alternativa. Apenas un año después, publicaron su primer disco, Por Tierras Escocesas (1985), seguido por Canciones (1986), ambos producidos por Paco Trinidad. De pronto, Duncan Dhu se convirtió en un fenómeno nacional. Su sonido limpio y su imagen desprovista de artificios conectaron con un público que buscaba algo más cercano, más íntimo, más real.

En 1987 lanzaron El Grito del Tiempo, el disco que los consolidó como una de las bandas más queridas de la península. Con temas como “En Algún Lugar”, su himno generacional, y “Esos Ojos Negros”, Duncan Dhu alcanzó el corazón de miles de jóvenes que encontraban en su música una ventana a la melancolía y la esperanza. “En Algún Lugar”, originalmente incluida en Canciones, explotó con el remix de El Grito del Tiempo y se convirtió en uno de los mayores clásicos del pop español.

Tras el éxito, llegó Grabaciones Olvidadas (1989), una recopilación de lados B que mostró su lado más introspectivo y artesanal. Fue entonces cuando la banda se transformó en dúo, con Erentxun y Vasallo al frente, y decidieron dar un salto creativo con Autobiografía (1989), un ambicioso álbum doble que contó con colaboraciones de artistas internacionales como Black y Sam Brown. Aquel trabajo fue nominado al Grammy a Mejor Interpretación Latina en 1991, una distinción poco habitual para un grupo español de la época.


ERA EL CIERRE DE UN CICLO Y EL INICIO DE SUS CAMINOS INDIVIDUALES: ERENTXUN SEGUIRÍA UNA EXITOSA CARRERA EN SOLITARIO, MIENTRAS VASALLO EXPLORARÍA TERRENOS MÁS POÉTICOS Y EXPERIMENTALES.


El sonido de Duncan Dhu evolucionó hacia una producción más elaborada y orquestada con Crepúsculo y Crudités (1995), su último trabajo antes de su disolución. Era el cierre de un ciclo y el inicio de sus caminos individuales: Erentxun seguiría una exitosa carrera en solitario, mientras Vasallo exploraría terrenos más poéticos y experimentales. A lo largo de su historia, Duncan Dhu fue más que un grupo: fue una forma de entender la música desde la emoción y la honestidad. En un tiempo en que la Movida madrileña reinaba con su desenfado eléctrico, ellos demostraron que tres acordes bastaban para construir un universo. Con guitarras de madera, melodías dulces y un aire escocés de nostalgia eterna, Duncan Dhu conquistó algo que pocas bandas logran: el paso del tiempo sin perder el alma.