
Diego Marr es de esos músicos que no necesitan permiso para existir. Creció en Los Ángeles, en una casa donde los instrumentos parecían tener vida propia y donde la música no era un pasatiempo, sino un territorio que se exploraba con la misma naturalidad con la que un niño recorre su propio barrio. Primero fue el piano, luego el trombón en la banda de jazz escolar, pero fue la guitarra la que terminó marcando el centro gravitacional de su universo. Ese instrumento se convirtió en refugio, brújula y confesionario, el lugar al que regresaba cada vez que necesitaba nombrar lo que no sabía decir de otra forma.
Su educación sentimental fue anglosajona: discos de los setenta, ochenta y noventa que hablaban de melodías grandes, introspección cruda y guitarras que parecían respirar. Pero Diego nunca fue un imitador. Su música se mueve entre el rock alternativo y el pop en español, coquetea con el reggae y abraza las baladas acústicas sin pedir permiso. En lugar de elegir un camino, los mezcla todos hasta construir un lenguaje propio: minimalista cuando hace falta, atmosférico cuando la emoción lo exige. Siempre íntimo. Siempre honesto.
Desde el comienzo, Diego Marr tomó una decisión poco común en una industria obsesionada con el algoritmo: avanzar a su ritmo, construir desde la independencia y mantener un control absoluto sobre su obra. Escribió, produjo y pulió sus canciones sin intermediarios, priorizando la autenticidad sobre la presión comercial. Ese horizonte lo llevó a debutar como solista en noviembre de 2020, iniciando una serie de lanzamientos que continuaron en 2021 con más sencillos y un homenaje a uno de los referentes que moldearon su sensibilidad musical.
A lo largo de 2022 y 2023 siguió publicando canciones que mostraban una evolución clara, tanto en su manera de narrar como en la textura de sus arreglos. Cada lanzamiento evidencia a un músico que no tiene prisa, que perfecciona su voz y su sonido canción tras canción. Temas introspectivos, otros más expansivos, algunos con sabor cinematográfico, otros con la calidez de un cuarto pequeño y una guitarra de madera.
Con el paso del tiempo, Diego Marr ha ido levantando un catálogo que ya no se percibe como el de un artista emergente, sino como el de un compositor que camina firme hacia su propio territorio. Tres EPs, titulados UNUM, DUO y TRIA, funcionan casi como capítulos de un diario musical: fragmentos de búsqueda, de transformación y de claridad creciente. En total, dieciocho canciones originales disponibles en plataformas construyen la narrativa de un artista que no se apresura, pero tampoco se detiene.
DIEGO MARR ESTÁ PERSIGUIENDO LO INTANGIBLE, LO QUE AÚN NO ESTÁ NOMBRADO, LO QUE TODAVÍA NO TIENE FORMA. SU TRAYECTORIA SE SIENTE COMO LA DE UN MÚSICO QUE NO BUSCA ENCAJAR, SINO EXPANDIRSE.
2025 y 2026 marcarán un nuevo ciclo en su historia. Diego planea publicar versiones acústicas de todo su repertorio, un ejercicio que revela su confianza en la esencia de sus composiciones. Sin efectos, sin artificios, solo la canción desnuda, demostrando que lo fundamental siempre estuvo ahí. Al mismo tiempo, trabaja en su primer álbum de estudio, “Lo Que No Existe”, previsto para finales de 2026. Más que un título, parece una declaración: Diego Marr está persiguiendo lo intangible, lo que aún no está nombrado, lo que todavía no tiene forma. Su trayectoria se siente como la de un músico que no busca encajar, sino expandirse. Un artista que escribe desde la vulnerabilidad y la disciplina. Un creador que entiende que la música no es solo un destino, sino una manera de habitar el mundo. Y aunque su camino apenas comienza, todo indica que Diego Marr no está construyendo solo canciones: está construyendo un universo.