BY JANIN AYALA FELIX | NOVIEMBRE 21, 2025 | MEXICO | CANCIONES | MOSY | ALFONSO ANDRÉ
“DECIBEL”: EL VOLUMEN DE LA LIBERACIÓN CUANDO DOS LEYENDAS DECIDEN SUBIR LA FRECUENCIA DEL ALMA
El 21 de noviembre marcó una fecha especial para el rock en español. No por nostalgia, no por aniversarios ni reediciones de culto, sino por la llegada de una canción que se atreve a hablar de algo que rara vez se aborda con profundidad en el género: la liberación personal como acto de valentía cotidiana. “Decibel”, el nuevo sencillo de Mosy con la colaboración de Alfonso André, aterrizó en todas las plataformas digitales como una descarga eléctrica elegante, densa y profundamente emocional. Una canción que no necesita gritar para hacerse escuchar, pero que tampoco teme subir el volumen cuando la verdad exige potencia.
El concepto detrás del tema parte de una idea sencilla y al mismo tiempo poderosa: el decibel, unidad que mide la intensidad del sonido, se convierte aquí en metáfora de esa fuerza interna que cada persona necesita para romper cadenas invisibles. No habla de revolución colectiva ni de proclamaciones épicas. Habla del ruido que se produce por dentro cuando alguien decide enfrentarse a sus miedos, a las voces que limitan, a los recuerdos que pesan, y opta por elevar su propia frecuencia de voluntad.
Mosy, histórico vocalista de Ritmo Peligroso, propone en esta nueva etapa una búsqueda diferente. Sin renunciar a la energía que definió su carrera dentro del rock mexicano, se permite explorar atmósferas más oscuras y reflexivas, donde la potencia no está solo en la distorsión, sino en el pulso rítmico y en la densidad emocional del sonido. En “Decibel” se lanza a un territorio donde el rock abraza al trip hop sin pedir permiso, generando una textura hipnótica que envuelve al oyente desde el primer compás.
La colaboración con Alfonso André no es fortuita ni decorativa. André, considerado uno de los bateristas más influyentes del rock mexicano gracias a su trabajo fundamental en Caifanes y Jaguares, aporta aquí una presencia que va mucho más allá de la percusión. Su estilo siempre se ha caracterizado por un equilibrio perfecto entre precisión técnica y sensibilidad emocional. En “Decibel”, su interpretación no busca exhibir virtuosismo, sino construir un pulso que sostiene la canción como un latido constante, casi ritual. Cada golpe parece señalar un paso en ese proceso de liberación que la letra propone.
El resultado es una canción que avanza como una caminata nocturna por una ciudad interior. No corre, no se precipita, no estalla de inmediato. Se construye lentamente, acumulando tensión hasta alcanzar un punto de expansión donde el volumen deja de ser literal y se transforma en sensación. El momento culminante no está dado por un muro de sonido, sino por la certeza emocional que se filtra en cada palabra: la decisión de alzar la voz propia, no contra el mundo, sino a favor de uno mismo.
Líricamente, “Decibel” opera desde la introspección. Mosy escribe desde esa lucha interna que no siempre se verbaliza. Habla de los silencios impuestos, de los ecos del miedo, de las inseguridades heredadas, pero también de una revelación íntima: el instante en el que alguien comprende que nadie más va a dar el paso por él. Que la salida no viene de fuera, sino del aumento gradual del propio volumen interior. La canción no acusa ni señala. No hay enemigos definidos. La batalla es interna, espiritual incluso, una confrontación directa con las propias limitaciones.
Esa lectura conecta profundamente con el espíritu contemporáneo del rock latino. Lejos quedaron las épocas donde el género se definía únicamente por la protesta social explícita o la rebeldía juvenil directa. El rock actual explora otro tipo de inconformidad: la que nace del cansancio emocional, del desgaste existencial, de la ansiedad colectiva. “Decibel” habla esa lengua moderna sin renunciar a la raíz rockera que da identidad al formato.
Producción y sonido juegan un papel central en esta narrativa. La mezcla fusiona elementos electrónicos sutiles, bases rítmicas de aire trip hop, guitarras atmosféricas que aparecen más como texturas que como protagonistas, y una voz íntima, casi susurrante, que va creciendo en intensidad a medida que avanza la canción. No se trata de un crescendo clásico hacia un estribillo explosivo, sino de una progresión emocional que va sumando capas de determinación.
La intervención de André aporta una dimensión orgánica que equilibra la electrónica suave. Su batería no irrumpe, acompaña. No domina, sostiene. La canción se construye como un diálogo entre tecnología y humanidad, entre máquina y pulso vital. Esta combinación refuerza el concepto del decibel emocional: no se trata solo de volumen físico, sino de resonancia espiritual. De hacer vibrar aquello que estaba dormido.
La colaboración también carga un peso simbólico importante. Mosy y André representan dos épocas complementarias del rock mexicano. Ritmo Peligroso introdujo híbridos culturales que abrieron puertas sonoras a finales de los ochenta, mientras que Caifanes transformó el imaginario lírico del rock nacional llevando la introspección poética al centro del escenario. En “Decibel”, ambas herencias convergen sin competir. El resultado no suena a pasado ni a homenaje, sino a presente continuo. Una canción que podría haber nacido ayer o en diez años, ajena a modas pasajeras.
Hay, además, un gesto generacional implícito. Dos músicos formados en una era donde el escenario y el disco eran los únicos territorios de validación hoy lanzan música en un ecosistema digital fragmentado, donde todo sucede rápido y se olvida rápido. Sin embargo, “Decibel” no busca viralidad inmediata ni fórmulas para playlists algorítmicas. Se presenta como una obra que exige escucha atenta, tiempo, conexión emocional. Un acto casi contracultural en tiempos de consumo acelerado.
En el fondo, esta canción confirma una verdad incómoda: el rock no ha muerto, solo ha cambiado de volumen. Ya no todo es distorsión furiosa o consignas incendiarias. Hoy el verdadero decibel reside en la capacidad de mirar hacia dentro y convertir la fragilidad en potencia. Mosy y André lo entienden a la perfección. No cantan para escandalizar, cantan para resonar.
“Decibel” no propone la liberación como un acto grandilocuente, sino como un proceso íntimo, gradual y profundamente humano. Elevar el volumen personal no significa imponerse a los demás, sino atreverse a existir sin miedo, a expresar sin autocensura, a caminar en la frecuencia propia aunque el entorno intente silenciarla.
La canción queda flotando al terminar, como una vibración persistente que no se apaga de inmediato. Deja la sensación de que algo se ha removido por dentro. No necesariamente una respuesta, pero sí una pregunta: ¿qué decibel estamos usando para vivir nuestra propia historia?
Quizá ahí esté la mayor virtud de este lanzamiento. No pretende cerrar discursos, sino abrir espacios de reflexión emocional. En manos de dos figuras clave del rock en español, “Decibel” se convierte no solo en una colaboración poderosa, sino en un recordatorio de por qué seguimos necesitando canciones que nos hablen del coraje silencioso de caminar hacia nosotros mismos.
Porque al final, el decibel más importante no es el que se mide en altavoces. Es el que se eleva en el pecho cuando decidimos que es hora de escucharnos sin bajar el volumen.
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