BY JANIN AYALA FELIX | NOVIEMBRE 21, 2025 | ARGENTINA | CANCIONES | ANDRES CALAMARO
“SUSURRO”: CUANDO DOS VOCES HISTÓRICAS ELIGEN CANTAR BAJITO AL CAOS
En una época de saturación sonora, donde casi todo busca gritar para no desaparecer entre algoritmos, playlists infinitas y crisis de atención, Javier Corcobado y Andrés Calamaro eligieron hacer exactamente lo contrario. “Susurro”, su nuevo sencillo conjunto publicado el 20 y 21 de noviembre de 2025, es una declaración de principios: cuando el mundo se ensordece, el acto verdaderamente radical es cantar bajito. No para huir de la realidad, sino para mirarla más de cerca.
La canción es una relectura de un tema originalmente lanzado en 2006 dentro del álbum Editor de Sueños, un disco que marcó una etapa introspectiva para Corcobado y que ya contenía esa tensión entre melodía suave y denuncia íntima. Casi veinte años después, el cantautor español decide volver a “Susurro” no por nostalgia sino por urgencia. El presente le devolvió un espejo incómodo: las palabras que escribió en los primeros años del siglo XXI parecen describir con precisión quirúrgica el clima global de 2025. “Guerras, torturas y mentiras en televisión, y todo lo que puedo hacer es susurrar esta canción…” no suena hoy como una metáfora poética sino como un noticiero cantado.
La nueva versión forma parte del ambicioso proyecto Solitud y Soledad, un álbum doble concebido para celebrar los cuarenta años de trayectoria artística de Corcobado, que será presentado oficialmente el 28 de noviembre de 2025. El concepto del disco funciona como un diálogo entre pasado y presente: diez canciones nuevas conviven con diez regrabaciones de temas emblemáticos, reinterpretados junto a artistas que han acompañado a Corcobado en distintos momentos de su camino. Entre ellos aparece Andrés Calamaro, no solo como invitado de lujo, sino como aliado emocional y creativo en una relación que se remonta a más de tres décadas.
El encuentro entre Corcobado y Calamaro ocurrió en el Madrid de mediados de los noventa, una ciudad efervescente donde músicos, poetas y noctámbulos compartían bares, estudios improvisados y madrugadas interminables. Coincidían para tocar sin agenda, sin escenario, sin expectativas comerciales. Improvisaban canciones que quizá nadie grabaría nunca, solo por el placer de compartir acordes, melodías y silencios. Esa amistad creativa, marcada por una profunda admiración mutua, quedó latente durante años hasta convertirse hoy en el “dueto soñado” de Corcobado. No se trata de un encuentro oportunista ni de un cruce de estrellas por estrategia de marketing. Es el resultado natural de una afinidad humana y artística que sobrevivió al paso del tiempo.
En “Susurro”, ambas voces se encuentran desde un mismo lugar emocional: la vulnerabilidad. No hay competencia de egos ni exhibición de virtuosismo. Todo es contención, respiración compartida. Corcobado canta desde su tono quebrado habitual, casi como si sus versos surgieran directamente del pensamiento antes de atravesar las cuerdas vocales. Calamaro entra con su registro rasgado y melancólico, aportando un contrapunto que no domina, sino que acompaña. Ninguno se impone sobre el otro. Ambos saben cuándo avanzar y cuándo quedarse atrás. Son dos veteranos del rock que ya no necesitan demostrar nada a nadie.
Musicalmente, la canción se mueve dentro de una estética pop minimalista, sin adornos superfluos. Arreglos delicados, una base armónica sobria y una producción que privilegia la atmósfera por encima del impacto inmediato. La estructura evita la épica. No crece hacia un estribillo explosivo. Prefiere mantenerse en una meseta emocional que envuelve al oyente en una especie de trance íntimo. Es una canción que no busca elevar el pulso, sino acompañar el latido lento de quien la escucha.
La elección estética no es casual. “Susurro” habla de la impotencia contemporánea frente al bombardeo constante de imágenes violentas, discursos manipulados y noticias que desfilan demasiado rápido como para ser procesadas emocionalmente. Frente a ese ruido global, el narrador reconoce un límite: no puede resolver las guerras ni desmantelar las mentiras televisadas. Solo puede cantar. No para cambiar el mundo, quizás, sino para no volverse indiferente. El canto aparece como un gesto mínimo de resistencia íntima, una forma de permanecer humano.
Este enfoque conecta profundamente con la nueva sensibilidad del rock actual, donde la fuerza ya no reside en el volumen sino en la honestidad emocional. Corcobado y Calamaro representan una generación que aprendió a gritar en sus inicios pero que hoy comprende el poder del susurro. En lugar de proclamar verdades absolutas, plantean preguntas. En lugar de pararse en el pedestal del héroe, se muestran como observadores frágiles que no ocultan su incapacidad para dar grandes respuestas.
En el contexto de Solitud y Soledad, “Susurro” adquiere un valor simbólico especial. El título del álbum resume la fórmula que atravesó la carrera de Corcobado: soledad como condición creativa, solitud como decisión poética. La solitud elegida le permitió desarrollar un lenguaje propio, siempre al margen de modas, siempre incómodo para los moldes comerciales. Y la soledad acompañó los tránsitos emocionales de quien eligió, una y otra vez, la independencia artística por encima de la conformidad. El dueto con Calamaro aparece como un gesto de encuentro en medio de esa soledad voluntaria, una afirmación de que incluso los caminos más solitarios se cruzan cuando el arte es sincero.
Para Calamaro, participar en este proyecto no es solo un homenaje a un amigo, sino también una forma de conectar con una etapa del rock que privilegia la letra introspectiva sobre la pose. A lo largo de su carrera, siempre osciló entre la irreverencia eléctrica y la balada melancólica. En “Susurro” se planta definitivamente del lado de la introspección, sin sarcasmo ni blindaje irónico. Canta como quien baja la guardia y decide decir lo que siente sin filtros.
La canción no pretende ofrecer soluciones. No plantea consignas. No sugiere salidas. Su única propuesta es compartir una sensación: el desconcierto ante un mundo que se percibe cada vez más caótico, más veloz, más agresivo. “Susurro” no juzga. Observa. Contiene. Acompaña. Es música para escuchar de noche, cuando la mente se aquieta y la realidad pesa más.
En tiempos donde el rock lucha por redefinir su lugar cultural frente a géneros más dominantes, este sencillo recuerda que la vigencia del género no depende de seguir tendencias, sino de conservar su capacidad de emocionar con honestidad. La voz de Corcobado y Calamaro no busca imponerse al ruido de la época. Se infiltra por debajo, como un hilo sensible que conecta a quienes aún necesitan canciones no para distraerse, sino para sentirse vistos.
“Susurro” es eso: una canción que no pretende cambiar el mundo, pero sí acompañar a quienes lo transitan con los oídos cansados y el corazón sensible. En su aparente pequeñez se esconde su grandeza. Porque en 2025, cuando todo parece gritar, susurrar se vuelve una declaración política, artística y humana.
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