BY JANIN AYALA FELIX | NOVIEMBRE 30, 2025 | GUATEMALA | CANCIONES | BOHEMIA SUBURBANA
EL PROBLEMA: CUANDO EL AMOR DEJA DE SER PROMESA
En 2002, mientras el pop latino buscaba fórmulas cada vez más evidentes para conquistar la radio, Ricardo Arjona hizo exactamente lo contrario. Eligió una canción incómoda, introspectiva y poco complaciente para presentar su nuevo disco. El resultado fue “El problema”, una balada pop rock que terminó convirtiéndose, casi por accidente, en uno de los mayores éxitos de su carrera y en una de las canciones más reconocibles del cancionero latinoamericano de principios de siglo.
“El problema” fue escrita a mediados de 2002 e incluida en Santo Pecado, el noveno álbum de estudio de Arjona. Desde el inicio, su función parecía modesta: una canción más dentro de un repertorio amplio donde convivían otros posibles sencillos como “Minutos”, “Vivir sin ti es posible” o “La nena”. Sin embargo, algo cambió en el proceso final. De manera intuitiva, casi instintiva, Arjona decidió apostar por ella como primer sencillo promocional a nivel mundial. No había un cálculo de mercado detrás. Más bien, una corazonada.
Lo que siguió fue una reacción en cadena que nadie anticipó. “El problema” alcanzó el número uno en más de quince países de Latinoamérica y Europa, incluyendo España, Venezuela, México, Argentina y Estados Unidos, donde se mantuvo ocho semanas consecutivas en la cima del Billboard Hot Latin Tracks entre diciembre de 2002 y enero de 2003. Permaneció 47 semanas en la lista y se ubicó entre las diez canciones latinas más importantes del año. También recibió una nominación al Latin Grammy como mejor video musical, consolidando su impacto más allá de la radio.
Paradójicamente, Arjona nunca creyó que fuera una canción “radial”. Él mismo lo reconoció después del éxito global: “Esto es un accidente que se da, uno no sabe de qué se trata. Yo pensaba que ‘El problema’ no era una canción que podría sonar en radio y pasó. Entonces, el hecho de hacer canciones sin saber a dónde irán a parar es la única fórmula que me puede llevar a la gente”. La frase resume no solo la historia del tema, sino también una filosofía creativa que ha definido gran parte de su carrera.
Musicalmente, “El problema” se sostiene sobre una guitarra acústica que marca el pulso emocional de la canción. No hay exceso de arreglos ni producción grandilocuente. Todo está al servicio de la voz y del texto. Algunos sonidos secundarios aparecen para reforzar la atmósfera romántica y melancólica, pero nunca desvían la atención del núcleo central: una confesión directa, casi conversada, sobre las contradicciones del amor adulto.
Porque si algo distingue a “El problema” de otras baladas de su época es su planteamiento lírico. No habla del abandono como tragedia ni del amor como salvación absoluta. Habla del desgaste, de la renuncia, de la lucidez que llega cuando se entiende que amar también implica perder. La canción nace de la necesidad de expresar los pros y los contras de las relaciones, las decisiones que se toman sabiendo que ninguna es del todo correcta. En ese sentido, se convirtió en un espejo incómodo para quienes buscaban respuestas simples en canciones románticas.
El verso central no acusa ni dramatiza. Expone. Arjona no se coloca como víctima ni como héroe. Se sitúa en un territorio ambiguo, humano, donde el verdadero conflicto no es el otro, sino uno mismo. De ahí que muchos hayan definido “El problema” como una de las canciones más acertadas en retratar la realidad emocional de quien se aventura en la búsqueda del amor “verdadero”, sin idealizaciones ni promesas vacías.
El video musical reforzó esa lectura. Rodado en Barcelona a mediados de noviembre de 2002, muestra a Arjona persiguiendo a una joven a través de calles, plazas y callejones cotidianos de la ciudad. No hay glamour ni escenarios artificiales. Todo ocurre en espacios reales, transitados, casi anónimos. La persecución funciona como metáfora del deseo, de la insistencia, del intento por alcanzar algo que siempre parece estar un paso más adelante.
La historia culmina frente a la Catedral de Santa Eulalia, bajo la lluvia, con Arjona sosteniendo a la mujer entre sus brazos antes de ser arrestado por los Mozos de Escuadra. Es un final abrupto, incómodo, que rompe con cualquier expectativa romántica tradicional. La continuación narrativa se sugiere en el video de “Minutos”, donde el cantante aparece en prisión, aunque las diferencias entre las autoridades policiales de ambos clips revelan que más que una secuela literal, se trata de una conexión emocional entre canciones.
Ese cierre ambiguo refleja perfectamente el espíritu de “El problema”. No hay redención clara ni final feliz. Hay consecuencias. Hay silencios. Hay preguntas sin respuesta. Tal vez por eso la canción encontró eco en públicos tan distintos. En Estados Unidos alcanzó el número uno en diciembre de 2002. En Latinoamérica dominó las listas de países tan diversos como Colombia, Chile, Guatemala, Paraguay o Uruguay. En España se mantuvo varias semanas en el Top 20. Y años después, fue reeditada en Europa tras el éxito masivo de “La camisa negra”, alcanzando el número uno en doce países de tres continentes.
Más allá de cifras y reconocimientos, “El problema” marcó un punto de inflexión en la carrera de Arjona. Confirmó que podía conectar con audiencias masivas sin sacrificar complejidad emocional ni honestidad narrativa. Demostró que una canción construida desde la duda podía convertirse en himno. Que una balada sostenida en guitarra y palabras podía competir con cualquier fórmula de moda.
Con el paso del tiempo, “El problema” se ha mantenido vigente no por nostalgia, sino por precisión. Sigue sonando actual porque sigue describiendo una experiencia común: la de amar sabiendo que no todo encaja, la de quedarse entendiendo que quedarse también duele, la de asumir que el conflicto no siempre está afuera. En un catálogo extenso como el de Ricardo Arjona, pocas canciones resumen tan bien su capacidad para observar lo cotidiano y convertirlo en canción.
Quizás por eso su éxito sigue pareciendo un accidente. Pero algunos accidentes, cuando están hechos de verdad, terminan definiendo una época.
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