
Desde Buenos Aires hasta el resto del continente, pocos grupos han logrado lo que Los Fabulosos Cadillacs: convertir la rebeldía, la fiesta y la crítica social en un mismo pulso rítmico. Nacidos en 1985, los Cadillacs reinventaron el ska en español con un cóctel inconfundible de salsa, reggae, punk, funk y mambo, creando una identidad sonora que trascendió generaciones y fronteras.
Todo comenzó en el barrio, entre amigos y guitarras desafinadas, cuando Gabriel Fernández Capello (Vicentico) y Flavio Cianciarulo (Sr. Flavio) decidieron mezclar el caos urbano de Buenos Aires con la energía jamaiquina del ska. A ellos se sumaron Sergio Rotman, Fernando Ricciardi y Mario Siperman, quienes completaron la primera alineación estable del grupo. Con el lanzamiento de Bares y Fondas en 1986, el mundo conoció un sonido fresco y visceral, cargado de ironía y letras que retrataban con humor las contradicciones de la sociedad argentina.
La evolución de su estilo fue constante. Canciones como “Yo quiero morirme acá”, “Vasos vacíos” y “Matador” se convirtieron en clásicos que cruzaron fronteras. Su música, aunque festiva, siempre tuvo un trasfondo político y humano: detrás de los metales brillantes y los coros explosivos había una mirada crítica hacia la injusticia, la violencia y la desigualdad.
En los noventa, la banda alcanzó su punto más alto con El León y Rey Azúcar, donde colaboraron con figuras como Mick Jones de The Clash, Debbie Harry, Celia Cruz y Rubén Blades. La química entre Vicentico y Sr. Flavio era el corazón creativo del grupo, un equilibrio entre la melancolía y la euforia. En 1994, el single “El Matador” los consagró definitivamente en toda Latinoamérica y les valió un MTV Video Music Award. Ese mismo año grabaron un MTV Unplugged, un hito que demostró su versatilidad y madurez musical.
El reconocimiento internacional continuó con Fabulosos Calavera (1997), una obra densa y experimental que les valió un Grammy al Mejor Álbum de Rock/Alternativo Latino, y que mostró a los Cadillacs más oscuros y filosóficos, explorando la muerte, la religión y la ironía con una potencia sin precedentes.
MÁS QUE UNA BANDA, LOS FABULOSOS CADILLACS SON UN ESPÍRITU COLECTIVO, UNA CELEBRACIÓN DE LO IMPERFECTO, DE LA MEZCLA Y DEL DESBORDE.
Tras una pausa de seis años, el grupo regresó en 2008 con una nueva gira y el disco La Luz del Ritmo (2009), que combinó reversiones, temas inéditos y una energía renovada. A la alineación se sumaron las nuevas generaciones: Florián Fernández Capello (hijo de Vicentico) y Astor Cianciarulo (hijo de Sr. Flavio), cerrando el círculo familiar de una historia que ya era leyenda. Más que una banda, Los Fabulosos Cadillacs son un espíritu colectivo, una celebración de lo imperfecto, de la mezcla y del desborde. Su legado se extiende por todo el continente: cada riff, cada bronce y cada grito de Vicentico siguen recordando que el rock latino no nació para obedecer, sino para bailar mientras arde el mundo.