
Mikel Erentxun nació el 23 de febrero de 1965 y desde muy temprano entendió que la música podía convertirse en un hogar, una identidad y una forma de resistencia. De herencia vasca y corazón nómada, alcanzó la fama en los años ochenta como parte de Duncan Dhu, un grupo que redefinió la sensibilidad acústica del pop-rock en español con su mezcla inconfundible de guitarras limpias, romanticismo melancólico y espíritu de trovador urbano. Pero lo que parecía ser la cima de una banda influyente terminó siendo, para él, apenas el punto de partida.
En 1992 comenzó su carrera en solitario, un salto que muchos describieron como arriesgado, pero que para Erentxun era inevitable. Su voz, una de las más reconocibles y particulares del rock ibérico, encontró nuevos territorios donde expandirse, desde el pop introspectivo hasta el rock alternativo con influencias anglosajonas que nunca ocultó. A lo largo de más de treinta años ha lanzado dieciséis álbumes, una discografía vasta que revela su necesidad casi biológica de seguir escribiendo, grabando y explorando. Cada disco funciona como una ventana distinta hacia su universo emocional, siempre en diálogo con sus héroes musicales.
Entre esos héroes sobresalen The Smiths y Morrissey, cuyas sombras largas y luminosas acompañan buena parte de su obra. Erentxun no solo adoptó la melancolía elegante del Manchester de los ochenta, sino que le rindió homenaje directo versionando “There Is a Light That Never Goes Out” como “Esta luz nunca se apagará” y “Everyday Is Like Sunday” como “Todo es igual siempre”. Ambas reinterpretaciones capturan la esencia original, pero también el pulso íntimo de un artista que entiende profundamente la poesía del desencanto. En su camino también han aparecido colaboraciones notables que demuestran su conexión con la escena internacional. Ha trabajado con Mark Gardener de Ride, con el mítico guitarrista Robert Quine, con el baterista Pete Thomas, con Lloyd Cole, Matthew Sweet y Fred Maher. Cada uno dejó una marca sutil en su sonido, enriqueciéndolo sin diluir su esencia. Sus discos dialogan con el britpop, el rock alternativo y la tradición del cantautor, pero siempre bajo una estética personal que mezcla fragilidad, elegancia y obsesión por la melodía. En 2005 se vio envuelto en un episodio mediático cuando la banda británica Lightning Seeds lo acusó de plagiar su canción “Pure”. El caso generó ruido, pero fue finalmente desestimado, convirtiéndose en una nota al margen de una carrera que nunca se ha definido por la polémica sino por la constancia.
EN UN PANORAMA DONDE TANTOS BUSCAN REINVENTARSE PARA NO DESAPARECER, ERENTXUN HA MANTENIDO VIVA UNA LUZ PROPIA, UNA QUE, COMO EN LA CANCIÓN QUE HOMENAJEÓ, NUNCA SE APAGA.
Lo que realmente distingue a Mikel Erentxun no es solo la extensión de su trayectoria, sino la forma en que ha defendido su identidad artística sin dejar de evolucionar. Ha sobrevivido cambios generacionales, modas, rupturas y renacimientos, pero siempre regresa al mismo lugar: una guitarra, una voz quebrada y la certeza de que la música es el refugio donde todo se resignifica. En un panorama donde tantos buscan reinventarse para no desaparecer, Erentxun ha mantenido viva una luz propia, una que, como en la canción que homenajeó, nunca se apaga. Su obra es un archivo emocional del rock español, un testimonio de sensibilidad y resistencia que continúa creciendo, álbum tras álbum, como si el tiempo fuera solo otro acorde por afinar.