
PXNDX nació en Monterrey como nacen las bandas destinadas a dividir opiniones, incendiar foros y encender multitudes: entre el ruido adolescente de los noventa, la urgencia por decir algo propio y la intuición de que el rock podía ser una válvula de escape en una ciudad que hervía creatividad bajo el sello de la Avanzada Regia. En 1996, José Madero, Jorge “Ongi” Garza, Ricardo Treviño y David Castillo comenzaron tocando covers, sin imaginar que el impulso por componer sus propias canciones terminaría colocándolos en el centro de una de las historias más polémicas y explosivas del rock mexicano.
De esas primeras tardes de ensayo surgió Demo 1997, un casete que rodó entre sellos independientes hasta llegar a Movic Records, donde Mario Huerta actuó como puente para firmarlos. Entre estudios improvisados y trabajos temporales, PXNDX grabó su debut Arroz con leche en el 2000, un disco que pasó de largo para los críticos, aunque lentamente se gestó un culto subterráneo que veía en ellos algo distinto: humor ácido, crudeza emocional y un pop punk capaz de conectar con una juventud que empezaba a asomarse al nuevo milenio con heridas abiertas.
La Revancha del Príncipe Charro en 2002 los sacó de la periferia. Con letras irreverentes y melodías adictivas, alcanzaron el disco de platino en México y comenzaron a construir una reputación que pronto los llevaría a abrir conciertos para Blink-182. Era el sueño entreabriéndose. Madero y compañía abandonaron sus trabajos formales y se lanzaron de lleno a construir una carrera musical que avanzaba tan rápido como el vértigo interno que crecería después.
Entre giras y una identidad cada vez más precisa, llegó Para Ti Con Desprecio (2005), su obra más cruda, oscura y decisiva. Con la salida de Ongi Garza y la entrada de Arturo Arredondo, PXNDX encontró un sonido feroz, confesional y generacional. Canciones como “Disculpa los malos pensamientos” y “Cita en el quirófano” se convirtieron en himnos inmediatos, arrasaron MTV y llevaron al disco a una popularidad aplastante. Pero ese éxito tuvo un costo: acusaciones de plagio, comparaciones incómodas con bandas estadounidenses y una tormenta mediática que los acompañaría durante años.
La crítica los llamó imitadores. Los Anti-Pandas los persiguieron con campañas públicas, abucheos y botellas lanzadas en festivales. La banda respondió con silencio, ironía y canciones. Nunca negaron las influencias, pero insistieron en que no había intención maliciosa. Para algunos, no fue suficiente. Para otros, fue justamente ese caos lo que los convirtió en un fenómeno cultural. PXNDX se volvió la banda que se amaba o se odiaba, sin puntos medios. En 2006 llegó Amantes Sunt Amentes, su obra cumbre, un álbum que llevó su drama emocional al límite y se volvió doble platino. “Los malaventurados no lloran” sonó en cada esquina de Latinoamérica, y PXNDX se convirtió en un imprescindible del rock alternativo en español. A la par, colaboraron con Bronco, tocaron en premios MTV y recorrieron territorios donde los recibían con gritos o con insultos, pero nunca con indiferencia.
La consolidación internacional llegó con Poetics (2009), un álbum doble de ambiciones cinematográficas; luego Bonanza (2012) y Sangre Fría (2013), donde mostraron una madurez instrumental que muchos no esperaban de una banda que había nacido entre bromas, distorsión y rebeldía juvenil. Para noviembre de 2007, Sinfonía Soledad capturó su poder en vivo desde el Auditorio Nacional, demostrando que detrás de la controversia había un público masivo, fiel y apasionado. El mismo público que, año tras año, los defendía y coreaba cada palabra, aun cuando afuera seguían lanzándose acusaciones y botellas.
En 2016, PXNDX anunció una pausa indefinida. Para algunos fue el final de una era; para otros, solo el respiro necesario después de dos décadas en rotación constante. José Madero inició su carrera solista, mientras Treviño, Vásquez y Arredondo formaron Desierto Drive en 2018. Las leyendas nunca se despedían del todo, solo mutaban. La historia de PXNDX es una paradoja perfecta: una banda nacida en cuartos de ensayo que creció entre escándalos, éxitos absolutos y una base de fans capaz de sostenerlos incluso en sus momentos más oscuros. Fueron señalados, venerados, odiados, amados. Fueron el soundtrack de una generación que encontró en sus letras un refugio y en su honestidad brutal una catarsis.
SE CONVIRTIERON EN UN FENÓMENO CULTURAL, UN ESPEJO INCÓMODO, UN GRITO ADOLESCENTE QUE NO SE APAGA Y UNA CICATRIZ QUE, PARA BIEN O PARA MAL, DEJÓ MARCA EN LA MÚSICA MEXICANA MODERNA.
PXNDX fue, y sigue siendo, la banda que demostró que incluso entre la controversia más ruidosa, el rock puede levantar trincheras emocionales. Se convirtieron en un fenómeno cultural, un espejo incómodo, un grito adolescente que no se apaga y una cicatriz que, para bien o para mal, dejó marca en la música mexicana moderna. Su pausa no ha borrado su eco. En cada playlist nostálgica, en cada banda nueva influenciada por su irreverencia, en cada Anti-Panda que sigue hablando de ellos sin darse cuenta, PXNDX sigue vivo. Porque pocas bandas han logrado lo que ellos: que todos, absolutamente todos, tengamos una opinión.