SAN PASCUALITO REY: DONDE EL DOLOR ENCUENTRA SUS SANTOS

San Pascualito Rey nació como nacen las bandas que parecen destinadas a convertirse en culto: en silencio, en la periferia del mainstream, lejos de las luces, pero encendidos por una intensidad emocional que pocas agrupaciones en México han sabido sostener durante tanto tiempo. Para entenderlos hay que mirar hacia Ciudad Satélite en el año 2000, cuando Pascual Reyes reunió a Juan Morales, Adolfo Castañeda Chewie, Alejandro Nexus Morales y Jorch Romero para experimentar con una idea que, en ese momento, sonaba casi a herejía: mezclar trip hop con balada mexicana, rock alternativo con folclor, y envolverlo todo en una capa de melancolía, dolor y belleza oscura. A esa mezcla le llamaron dark guapachoso. A ese proyecto le dieron el nombre de un santo esquelético venerado en el sureste mexicano. El resto es historia.

Su debut, Sufro sufro sufro (2003), fue una sacudida silenciosa que acabó por convertirse en terremoto. Producido por Gerry Rosado, el disco no solo llamó la atención de la prensa especializada; la obsesionó. Sus letras sobre el desamor y el desgaste emocional, combinadas con guitarras frágiles, percusiones fantasmales y una voz hecha para romperse, colocaron a San Pascualito Rey como una anomalía poderosa dentro de una escena que, por esos años, coqueteaba con el rock pop más brillante.

La banda se movió rápido. Publicaron el EP Ahora vuelvo, una reinterpretación de su propia tristeza con un tema inédito como puñal extra. Luego, en medio de cambios internos, Jorch dejó la batería y Juan Evers tomó su lugar para Deshabitado (2006), un álbum que amplificó su culto y profundizó en la estética decadente que ya se había vuelto su sello. Otra vez, Gerry Rosado produjo un disco que parecía más una confesión colectiva que un trabajo de estudio.

San Pascualito Rey también aprendió pronto que vivir en la oscuridad no significa estancarse. Tras la salida de Chewie y Evers, entraron Alex Otaola y Luca Ortega. Con ellos llegó Valiente (2011), un disco producido por Toy Selectah y Maurizio Terracina que los catapultó a otro nivel. La banda conservó la esencia dolorosa de su sonido, pero lo vistió con texturas nuevas, más arriesgadas. El público lo notó. La industria también. En 2011 fueron nominados al Grammy Latino por la canción Salgamos de aquí y al año siguiente por el álbum completo. Poco lo esperaban, nada lo pidieron, pero ahí estaban: una banda que nació entre sombras, reconocida entre gigantes.

Con la partida de Nexus y la llegada de nuevos caminos creativos, San Pascualito Rey grabó Todo nos trajo hasta hoy, producido por el argentino Camilo Froideval. Fue ahí donde surgió En la oscuridad, uno de esos temas que parecen sobrevivir al paso de los años, un lamento eléctrico que trascendió tanto que terminó teniendo una versión alterna con Emiliano Brancciari de No Te Va Gustar. Para entonces, SPR era ya una banda con cicatrices, pero también con una madurez que pocas agrupaciones logran sin perder identidad.

En 2019, llegó otra metamorfosis. Chepo Valdez tomó la batería y Vicente Jáuregui, la guitarra eléctrica. Junto a Pascual y Morales, formaron la tercera encarnación oficial del grupo. Contra toda lógica, en plena era de inmediatez y presiones digitales, San Pascualito Rey hizo lo impensable: compuso y grabó un LP completo en un año. Animanecia vio la luz en 2020, en medio del caos global, como un recordatorio de que hay música que nace justo cuando el mundo parece desmoronarse.


SU MÚSICA DUELE. SU MÚSICA CURA. SU MÚSICA OBSERVA SIN PESTAÑEAR LO QUE MUCHOS PREFIEREN ESCONDER.


San Pascualito Rey nunca ha sido una banda diseñada para el gusto fácil. Su música duele. Su música cura. Su música observa sin pestañear lo que muchos prefieren esconder. Con una identidad que ha sobrevivido a cambios, crisis, rupturas, reconocimientos y renacimientos, el grupo ha logrado algo que pocas bandas latinoamericanas pueden presumir: construir una obra que abraza el sufrimiento sin victimizarse, que canaliza la melancolía hacia la catarsis y que, desde la penumbra, ilumina. Dos décadas después, el santo esquelético sigue de pie. Y San Pascualito Rey también.