
En la Ciudad de México de finales de los ochenta —cuando el rock en español comenzaba a sacudirse la censura y las sombras del underground— surgió una banda que desentonaba por completo con sus contemporáneos. Mientras todos hablaban de revolución y barrio, Fobia prefería hablar de monstruos, insectos y obsesiones personales. Fundada en 1987 por Leonardo de Lozanne y Francisco “Paco” Huidobro, hermano de Micky Huidobro de Molotov, la banda nació como un experimento de ironía y sofisticación pop dentro del caos urbano. Junto a Javier Ramírez “El Cha!”, Iñaki Vázquez y Gabriel Kuri, el grupo trazó una ruta que redefiniría el sonido del rock mexicano.
Su nombre —Fobia— era un espejo de sus inseguridades y miedos, transformados en himnos eléctricos como “El microbito”, “La iguana” y “El crucifijo”, que pronto conquistaron los bares y fiestas de la capital. En 1987, la banda fue eliminada de un concurso organizado por RCA Ariola México, pero su destino cambió cuando Saúl Hernández de Caifanes escuchó sus demos y los ayudó a conseguir un contrato con Ariola. El debut homónimo Fobia (1990), producido por Óscar López, fue un golpe de frescura: humor ácido, letras surrealistas y una estética que coqueteaba con la ciencia ficción y el arte pop. En medio del boom de Rock en tu idioma, Fobia se convirtió en el niño raro del movimiento: elegante, irónico y sin interés en encajar.
Su segundo álbum, Mundo Feliz (1991), grabado entre Ciudad de México y los legendarios estudios Power Station de Nueva York, llevó al grupo a un nivel más ambicioso. Canciones como “Camila” y “El Diablo” mostraban un sonido más pulido, mientras una joven Alejandra Guzmán hacía una aparición inesperada en el disco. Pero fue con Leche (1993) que Fobia decidió romper las reglas. Experimental y provocador, el álbum mezcló ritmos latinos con guitarras distorsionadas, y su sencillo “Los Cibernoides” atacaba directamente al imperio mediático de Televisa. Aunque fue su trabajo menos comercial, Leche fue una obra adelantada a su tiempo, un manifiesto artístico que los consolidó como una banda de culto.
El regreso triunfal llegó en 1995 con Amor Chiquito, producido por Gustavo Santaolalla. Canciones como “Revolución sin manos” devolvieron a Fobia al frente del rock latinoamericano, mientras su mezcla de sensibilidad pop y sofisticación sonora los ponía al nivel de Café Tacvba y Caifanes. La gira internacional los llevó por toda América Latina y Estados Unidos, justo antes de un periodo de pausas y transformaciones internas: Gabriel Kuri cedió la batería a Jorge “Chiquis” Amaro, y luego a Jay de la Cueva, quien aportaría una nueva energía juvenil.
En 1997 lanzaron Fobia on Ice, un álbum en vivo que capturaba la intensidad de su repertorio antes de su primera disolución. Durante siete años, el grupo permaneció en silencio hasta que en 2004 sorprendieron con Wow 8704*, una antología que marcó su regreso, seguida del poderoso Rosa Venus (2005). Con este disco, Fobia volvió a girar por América y abrió los conciertos de The Rolling Stones en el Foro Sol, demostrando que su magia no había desaparecido, solo madurado.
TREINTA AÑOS DESPUÉS, FOBIA SIGUE SIENDO UNA PARADOJA PERFECTA: LA BANDA QUE HIZO DEL MIEDO UN ARTE Y DE LA IRONÍA UNA FORMA DE TERNURA.
Para celebrar dos décadas de carrera, lanzaron XX en 2007, un híbrido de versiones acústicas, nuevas grabaciones y un documental que repasaba su legado. En 2011, su actuación en el Vive Latino encendió nuevamente la chispa de la nostalgia, y un año más tarde lanzaron Destruye Hogares, un álbum que combinaba madurez emocional con la misma irreverencia juvenil de siempre. En 2019, con el recinto del Palacio de los Deportes lleno, celebraron su 30 aniversario con un concierto épico que culminó en Pastel, un disco en vivo que sonaba a cierre de ciclo… o tal vez, a un nuevo comienzo. Treinta años después, Fobia sigue siendo una paradoja perfecta: la banda que hizo del miedo un arte y de la ironía una forma de ternura. En un panorama donde muchos se extinguieron, ellos resistieron —sin slogans, sin pretensiones—, fieles a su rareza luminosa.