
Desde las entrañas del desierto zacatecano hasta los escenarios más emblemáticos del rock iberoamericano, Enjambre ha tejido una historia donde la nostalgia, la poesía y la electricidad se funden en una sola vibración. Formada en 2001 en Santa Ana, California, por los hermanos Luis Humberto, Rafael y Julián Navejas, junto a su primo Isaac Navejas y el baterista Ángel Sánchez, la banda se ha convertido en una de las agrupaciones más influyentes y respetadas del rock alternativo mexicano contemporáneo. Su nombre, tomado del concepto de un enjambre de abejas y un juego con el apellido familiar, resume bien su espíritu: unidad, movimiento y una energía colectiva que zumba con identidad propia.
La historia de Enjambre comienza, sin embargo, mucho antes. En 1994, los hermanos Navejas y César Sánchez formaron en Fresnillo una primera banda llamada Los Cuatro Fantásticos, un experimento juvenil que les sirvió de escuela antes de emigrar a Estados Unidos. En California encontraron su voz definitiva y el concepto que los llevaría a trascender fronteras. Su sonido —una mezcla entre el indie rock anglosajón y el lirismo melancólico de la tradición latinoamericana— los situó rápidamente en una zona de privilegio: demasiado sofisticados para ser pop, demasiado sensibles para ser metal, y demasiado honestos para ser clasificados.
En 2005 comenzaron sus grabaciones profesionales y, con el tiempo, su catálogo se convirtió en una discografía imprescindible del rock hispano. Álbumes como Daltónico (2010), Huéspedes del orbe (2012) y Proaño (2014) consolidaron un estilo único: guitarras brillantes, bajos envolventes, letras introspectivas y una voz —la de Luis Humberto— que suena como una confesión a media noche. Sus canciones, entre ellas “Dulce soledad”, “Visita”, “Vida en el espejo” y “Manía cardíaca”, son ya parte del imaginario colectivo de una generación que encontró en Enjambre una forma elegante de hablar del desamor, la ansiedad y la belleza de lo cotidiano.
El éxito, sin embargo, nunca los desvió de su esencia independiente. Con doble oro por Daltónico, doble platino por Proaño y platino por Los huéspedes del orbe, la banda demostró que la calidad y la profundidad pueden coexistir con la popularidad. Su reconocimiento no se limitó a las listas de ventas: tres Indie-O Music Awards, un Premio Telehit a Mejor Banda Alternativa y nominaciones en los MTV Europe Music Awards y los Premios Lo Nuestro confirmaron su estatus como referentes del rock mexicano moderno. En 2022, el Senado de la República los distinguió por su trayectoria, y dos años más tarde, el Congreso de Zacatecas los nombró Embajadores Culturales del Estado.
ESON, EN ESENCIA, UN GRUPO QUE MIRA HACIA ADENTRO MIENTRAS SU SONIDO SE EXPANDE HACIA EL INFINITO.
A lo largo de su carrera, Enjambre ha sabido evolucionar sin perder su alma. De los matices introspectivos de El segundo es felino al refinamiento de Consuelo en domingo y las exploraciones recientes en los EPs Ambrosía (2021) y Torna noches de salón (2024), su música ha transitado entre el rock psicodélico, el romanticismo retro y la experimentación sonora con madurez y coherencia. Su colaboración con artistas como Girls Go Ska, Estelares, Lo Blondo y No Te Va Gustar ha ampliado su universo musical sin sacrificar su identidad.
Enjambre no solo ha llenado escenarios —de Vive Latino en México y España hasta Pa’l Norte en Monterrey—, sino que ha llenado un vacío emocional en el panorama del rock latino: el de la elegancia introspectiva, del verso melancólico que convive con el riff incendiario. Son, en esencia, un grupo que mira hacia adentro mientras su sonido se expande hacia el infinito. Enjambre no es solo una banda; es un estado de ánimo, una corriente viva que sigue zumbando, paciente y luminosa, en el corazón del rock en español.