DRACO ROSA: POESÍA, MISTICISMO Y EL FUEGO QUE NO SE APAGA

En la historia del rock latino, pocos artistas han transitado una vida tan intensa, poética y desgarradora como Draco Cornelius Rosa Suárez. Nacido en Long Island en 1969, de padres puertorriqueños, Draco creció entre el ruido del Atlántico y los silencios de Ponce, donde empezó a formar la sensibilidad que más tarde lo convertiría en un alquimista del sonido. Su carrera abarca más de cuatro décadas, y su vida, marcada por la reinvención constante, ha sido un viaje desde la fama adolescente hasta la oscuridad interior, desde el éxito global hasta la supervivencia física y espiritual.

Su salto a la fama llegó siendo apenas un adolescente, cuando se unió en 1984 a la boy band puertorriqueña Menudo, donde compartió escenario con Ricky Martin. Su voz, más grave y melancólica que la de sus compañeros, lideró el éxito internacional “Hold Me”, un himno juvenil que lo proyectó a la televisión, los estadios y el caos del estrellato prematuro. Sin embargo, su espíritu rebelde no encajaba del todo en la maquinaria comercial del grupo. Quiso escribir sus propias canciones, aportar una visión más personal, pero el sistema no se lo permitió. En 1987, Draco —entonces Robi Rosa— decidió marcharse.

Buscando libertad creativa, se mudó a Brasil, donde absorbió la calidez del portugués y la riqueza musical de artistas como Caetano Veloso. Grabó dos discos en ese idioma y encontró una nueva voz, una que lo separaba para siempre del molde adolescente. De regreso a Estados Unidos, protagonizó la película Salsa (1988), éxito de taquilla en Puerto Rico, donde conoció a la actriz Angela Alvarado, quien sería su compañera de vida y musa visual. Poco después, se instaló en Nueva York y formó Maggie’s Dream, una banda de funk-rock alternativo con la que giró junto a Faith No More, Fishbone y The Black Crowes. La banda solo publicó un álbum homónimo, pero fue suficiente para que Rosa confirmara lo que siempre había sabido: su camino no era el de las masas, sino el de la autenticidad.

En 1993 firmó con Sony Music Latin y lanzó Frío, su primer álbum en español, un trabajo oscuro e introspectivo que anticipaba lo que vendría. Tres años más tarde llegaría Vagabundo (1996), producido por Phil Manzanera de Roxy Music, grabado en Inglaterra y considerado por muchos como su obra maestra. Con letras existenciales, atmósferas sombrías y una voz que parecía surgir de las entrañas, Vagabundo redefinió el rock latino. Spin Magazine lo incluiría más tarde entre los diez discos más grandes del rock en español de todos los tiempos.

Entre discos propios, Draco también se convirtió en el cerebro detrás del renacimiento de Ricky Martin. Bajo el seudónimo Ian Blake, escribió y produjo himnos como “María”, “Livin’ la Vida Loca”, “La Copa de la Vida”, “She’s All I Ever Had” y “She Bangs”. Aquellas canciones dominaron los charts mundiales, vendiendo más de 40 millones de copias y llevando al pop latino a una dimensión nunca antes vista. En paralelo, Draco fundó su compañía Phantom Vox Corporation, donde canalizó su visión de arte total: música, cine, poesía y espiritualidad.

Su carrera solista continuó con Mad Love (2004), una joya conceptual cantada en inglés y grabada entre varios continentes, donde se mezclaban cuerdas orquestales, jazz, electrónica y un romanticismo sin fronteras. El álbum lo llevó de gira mundial —desde Japón hasta Argentina— y consolidó su reputación como uno de los artistas más visionarios del siglo XXI. En Puerto Rico, cerró esa gira con dos noches épicas en el Coliseo José Miguel Agrelot, cuyo registro en vivo se convirtió en el aclamado Draco al Natural (2005).

Después del silencio, volvió con Vino (2008), un disco íntimo y visceral que él mismo considera la secuela espiritual de Vagabundo. En 2009 rindió tributo a sus raíces con Amor Vincit Omnia, donde entrelazó el rock con el folclor puertorriqueño, logrando nominaciones al Grammy y al Premio Lo Nuestro. Pero mientras la crítica lo elevaba, su cuerpo empezaba otra batalla: en 2011 fue diagnosticado con linfoma no Hodgkin. El artista que había sobrevivido a la industria ahora debía sobrevivirse a sí mismo.

Durante los años más oscuros de su enfermedad, Draco se refugió en la música. En 2013 regresó con Vida, un álbum de duetos con sus amigos y aliados: Juan Luis Guerra, Rubén Blades, Ricky Martin, Bunbury, Juanes y Calle 13. Era un testamento de amor y supervivencia. Canciones como “Más y Más” y “Esto es Vida” no solo marcaron su regreso, sino su renacimiento. Los conciertos de Draco & Friends en Puerto Rico fueron celebraciones de la existencia misma: el hombre que había desafiado a la muerte volvía al escenario con la mirada limpia y el corazón en llamas.

En 2015 sorprendió al mundo con El Secreto de la Vida a Base de Plantas, un libro escrito junto a Nena Niessen que combinaba filosofía, nutrición y medicina natural. Era el eco de un nuevo credo: vivir con propósito, sanar con arte. Tres años después, lanzó Monte Sagrado (2018), su primer álbum de material original en más de una década. Críticos como David Fricke de Rolling Stone lo definieron como “uno de los discos más honestos que escucharás este año, en cualquier idioma y a cualquier volumen”. Era la culminación de un viaje sagrado, el regreso de un hombre que había cruzado el fuego y encontrado la paz.

Hoy, Draco Rosa no es solo un sobreviviente: es un símbolo de resistencia artística y espiritual. Desde su niñez en Ponce hasta los escenarios del mundo, su voz sigue sonando como un conjuro entre la vida y la muerte, entre lo divino y lo humano. En su universo no hay fronteras entre el dolor y la belleza; solo una certeza: la música como redención.


ERA LA CULMINACIÓN DE UN VIAJE SAGRADO, EL REGRESO DE UN HOMBRE QUE HABÍA CRUZADO EL FUEGO Y ENCONTRADO LA PAZ.


En 2015 sorprendió al mundo con El Secreto de la Vida a Base de Plantas, un libro escrito junto a Nena Niessen que combinaba filosofía, nutrición y medicina natural. Era el eco de un nuevo credo: vivir con propósito, sanar con arte. Tres años después, lanzó Monte Sagrado (2018), su primer álbum de material original en más de una década. Críticos como David Fricke de Rolling Stone lo definieron como “uno de los discos más honestos que escucharás este año, en cualquier idioma y a cualquier volumen”. Era la culminación de un viaje sagrado, el regreso de un hombre que había cruzado el fuego y encontrado la paz.

Hoy, Draco Rosa no es solo un sobreviviente: es un símbolo de resistencia artística y espiritual. Desde su niñez en Ponce hasta los escenarios del mundo, su voz sigue sonando como un conjuro entre la vida y la muerte, entre lo divino y lo humano. En su universo no hay fronteras entre el dolor y la belleza; solo una certeza: la música como redención.