
Desde los suburbios eléctricos de Guadalajara surgió a finales del milenio una banda que decidió desafiar la calma y reclamar el ruido como su bandera. Disidente, formada en 1999, tomó el espíritu del grunge y lo moldeó con la furia del rock and roll mexicano. Lo que comenzó como un experimento adolescente entre los hermanos Alejandro y Pedro Mendoza, junto a Nacho Nájar en el bajo y César Quirarte en la batería, pronto se convirtió en una de las propuestas más sólidas y ruidosas de la escena alternativa nacional.
Su nombre no era casualidad. Disidente significaba ir contra todo: contra las fórmulas, contra la complacencia, contra el sistema musical que privilegiaba lo comercial. Ya en el año 2000, su tema “Reciclar” los hizo ganar un concurso en el Hard Rock Live de Guadalajara, dejando claro que su sonido —crudo, poderoso y directo— había llegado para quedarse. Sin embargo, tras la salida de Nájar y Quirarte en 2001, los hermanos Mendoza reclutaron a los hermanos Gustavo y Hugo Muñoz, alineación definitiva que marcaría el ADN del grupo.
En 2004 lanzaron su debut …Y si tuviera disquera, grabado de forma totalmente independiente en los estudios Remi de Guadalajara. El título, casi una broma interna, reflejaba su filosofía DIY: no necesitaban una disquera para sonar fuerte. Su sencillo “Gasolina” comenzó a sonar en las radios locales, conectando con una generación que buscaba autenticidad en un panorama saturado de fórmulas repetidas.
Dos años más tarde, Disidente capturó su energía en el escenario con el DVD Fin del mundo en un día normal, grabado durante la feria Zapopum! en 2005. Aquella grabación fue la confirmación de que su poder en vivo era su carta más fuerte: guitarras afiladas, bajos rugientes y letras que combinaban introspección con rabia contenida.
En 2007 regresaron con su segundo álbum, Judas, un disco que reafirmó su identidad y que fue grabado de manera independiente bajo la producción de Aldo Muñoz. Más tarde, una edición especial en doble disco incluiría lados B y material audiovisual que capturaba el lado más visceral de la banda. Pero Disidente no se conformó: en 2009 publicaron el EP Lobo, un trabajo más directo y oscuro, producido por ellos mismos, que anticipaba la madurez sonora que alcanzaría su siguiente etapa.
Esa evolución culminó en 2011 con Antorcha, su tercer álbum de larga duración, grabado en el estudio Punto B con el ingeniero Hernández Cortés (Caníbales). El resultado fue un disco analógico, denso y abrasivo, que los posicionó dentro de la escena del stoner rock mexicano, junto a proyectos como Apolo MX o Hielo Negro. Antorcha fue, en muchos sentidos, el manifiesto definitivo de Disidente: riffs monumentales, letras existenciales y una crudeza sin maquillaje.
SU MÚSICA, NACIDA DEL GARAGE Y MOLDEADA POR LA DISTORSIÓN, HA LOGRADO LO QUE POCOS: CONSTRUIR UN PUENTE ENTRE EL ROCK ALTERNATIVO DE LOS NOVENTA Y UNA NUEVA GENERACIÓN QUE AÚN CREE EN LAS GUITARRAS QUE ARDEN.
A lo largo de su trayectoria, la banda ha compartido escenario con gigantes como Café Tacvba, Molotov, Cuca, Attaque 77, Babasónicos, The Mars Volta, The Bravery, Incubus y Smashing Pumpkins, además de ser presencia recurrente en festivales emblemáticos como Vive Latino, Corona Music Fest y Festival 212RMX.
Fieles a su nombre, Disidente nunca ha seguido modas ni complacido a nadie más que a su propio instinto. Su música, nacida del garage y moldeada por la distorsión, ha logrado lo que pocos: construir un puente entre el rock alternativo de los noventa y una nueva generación que aún cree en las guitarras que arden. Disidente no busca ser parte del sistema. Prefiere prenderle fuego.