
Enrique Ortiz de Landázuri Izarduy nació el 11 de agosto de 1967 en Zaragoza, España, pero el mundo lo conocería como Enrique Bunbury, una figura que trascendió los límites del rock ibérico para convertirse en uno de los artistas más influyentes de la música en español. Visionario, camaleónico y profundamente poético, Bunbury no solo redefinió el rock español, sino que también lo internacionalizó con una voz baritonal cargada de dramatismo y una búsqueda artística que nunca dejó de mutar.
Su historia comenzó en los años ochenta, cuando el joven Enrique empezó a tocar en bandas escolares como Apocalipsis y Proceso Entrópico. En 1984, asumió por primera vez el rol de vocalista principal en Zumo de Vidrio, un proyecto que lo acercó a la escena rockera de Zaragoza. Inspirado en la obra de Oscar Wilde The Importance of Being Earnest, adoptó el nombre artístico de “Bunbury”, y con ese alias fundó la banda que marcaría a toda una generación: Héroes del Silencio.
Con Héroes, Bunbury alcanzó una fama continental durante los ochenta y noventa. Discos como Senderos de Traición y El Espíritu del Vino consolidaron un sonido oscuro, épico y sofisticado que definió el rock en español de toda una era. Su presencia escénica —misteriosa, intensa, teatral— convirtió a Bunbury en un ícono. Pero tras el éxito masivo, llegó el desgaste: en 1996, la banda se disolvió y el cantante decidió reinventarse desde las cenizas.
En 1997 lanzó su primer trabajo solista, Radical Sonora, una explosión de electro-rock y sonidos industriales que marcó un quiebre total con su pasado. Era el nacimiento de un nuevo Bunbury, más libre y experimental. Dos años después llegó Pequeño (1999), un viraje hacia lo orgánico, lo latino y lo introspectivo, acompañado por su banda El Huracán Ambulante, con quienes recorrería el mundo desplegando una energía visceral en cada escenario.
Durante la siguiente década, su música absorbió influencias de todos los rincones: del cabaret berlinés al bolero, del blues al flamenco, del tango al mariachi. Cada disco fue un manifiesto distinto: Flamingos (2002) lo llevó al mainstream latinoamericano, El Viaje a Ninguna Parte (2004) consolidó su narrativa de trovador errante, y Hellville de Luxe (2008) marcó el inicio de una nueva etapa junto a Los Santos Inocentes, banda con la que grabaría ocho álbumes de estudio y que definiría su madurez musical.
En 2006, sorprendió con un proyecto compartido junto a Nacho Vegas, El Tiempo de las Cerezas, un disco denso y melancólico que reveló a un Bunbury más introspectivo. Un año más tarde, volvió a los escenarios con Héroes del Silencio para una gira histórica que celebró los veinte años de la banda, con conciertos multitudinarios en América y Europa. Fue una despedida monumental, y una confirmación: Héroes era parte de la historia, pero Bunbury seguía escribiendo la suya.
En su trayectoria solista, discos como Licenciado Cantinas (2011) y Palosanto (2013) reafirmaron su capacidad para absorber los ritmos latinoamericanos y devolverlos transformados por su particular sensibilidad poética. Expectativas (2017) lo mostró más crudo y contemporáneo, mientras que Posible y Curso de Levitación Intensivo (2020) lo llevaron hacia una sonoridad más electrónica y atmosférica.
Con más de tres décadas de carrera, Bunbury ha sido reconocido por la crítica como una de las voces más singulares del rock en español. Su registro profundo, su lirismo existencial y su permanente reinvención lo convirtieron en una figura inclasificable, tan cómoda en un escenario de rock como en un teatro de tango o en una cantina mexicana.
ENRIQUE BUNBURY NO PERTENECE A UNA ÉPOCA NI A UN GÉNERO. SU CARRERA ES UN VIAJE PERPETUO, UNA BÚSQUEDA SIN FIN ENTRE LA OSCURIDAD Y LA LUZ.
En 2019, la organización SESAC Latina le otorgó el Icon Award, y en 2025 recibirá el Premio a la Excelencia Musical de la Academia Latina de la Grabación, consolidando su estatus como leyenda viva. El documental El Camino Más Largo (2016), dirigido por Alexis Morante, retrata la filosofía nómada y artística de un músico que nunca se detuvo.
Enrique Bunbury no pertenece a una época ni a un género. Su carrera es un viaje perpetuo, una búsqueda sin fin entre la oscuridad y la luz. Un alquimista del sonido que convirtió cada mutación en una obra de arte, y cada canción en un pedazo de eternidad.