
Jaguares nació del silencio. Cuando Caifanes se disolvió, Saúl Hernández resurgió con una nueva fiera, una que rugía con la misma intensidad, pero con un espíritu más introspectivo. Junto a Alfonso André en la batería —su inseparable cómplice desde los días de “La célula que explota”— y sus amigos Federico Fong y José Manuel Aguilera, Saúl dio forma a un nuevo capítulo del rock mexicano: uno donde el instinto y la poesía se encontraron bajo una misma piel. El nombre, inspirado en un sueño donde Saúl cantaba desde la boca de un jaguar, marcó el inicio de una banda que haría del misterio su bandera.
En 1996 lanzaron El equilibrio de los jaguares, un álbum denso y espiritual que reconfiguró el sonido alternativo latinoamericano de la época. Su mezcla de guitarras abrasivas y letras existenciales definió una nueva estética: el jaguar era el guardián del alma herida de México. Pero poco después, Saúl enfrentó su propio abismo: un cáncer provocado por el virus del papiloma humano lo obligó a detenerse. Durante ese silencio, Aguilera y Fong siguieron con su proyecto La Barranca, y Jaguares parecía desvanecerse en el humo de sus metáforas.
La fiera regresó con nuevos colmillos. “El Vampiro” López, exguitarrista de Maná y Azul Violeta, se unió para grabar Bajo el azul de tu misterio (1999), una obra dividida entre lo eléctrico y lo acústico que consolidó el mito. La banda se volvió una tríada feroz en el escenario: Hernández, André y López. Canciones como “Fin” y “Dime jaguar” mezclaban la furia del rock con la espiritualidad del desierto. En 2001, Cuando la sangre galopa llevó al grupo al corazón de Latinoamérica con un sonido más internacional, crudo y urgente. Para entonces, el bajo lo tocaba Chucho Merchán, y la percusión, Leo Muñoz, aportando nuevas texturas a un sonido que ya era ritual. Cinco años más tarde, con Crónicas de un laberinto, Federico Fong volvió al bajo y el círculo se cerró. Jaguares se reencontró con su propio eco, con Diego Herrera (otro ex-Caifán) sumándose al proyecto y reforzando la conexión con el pasado.
En 2007, la banda rindió homenaje a John Lennon con una poderosa versión de “Gimme Some Truth” para el compilado Instant Karma: The Amnesty International Campaign to Save Darfur. Un año después, Jaguares entregó 45, un disco combativo dedicado a los 45 millones de mexicanos que vivían en pobreza. Era su álbum más político y visceral, un manifiesto de rock y resistencia.
EL JAGUAR VOLVIÓ A DORMIR, PERO SU RUGIDO QUEDÓ SUSPENDIDO EN EL AIRE: UNA MEZCLA DE POESÍA, MISTICISMO Y FUEGO.
Para 2010, el ciclo parecía completo. Hernández anunció una pausa para concentrarse en su carrera solista, justo cuando Caifanes preparaba su regreso. El jaguar volvió a dormir, pero su rugido quedó suspendido en el aire: una mezcla de poesía, misticismo y fuego. En 2019, la bestia despertó una vez más, al menos por una noche. Jaguares se reunió para un concierto único en el Machaca Fest de Monterrey, cerrando el círculo donde todo comenzó. Aquella noche, miles de voces recordaron que el jaguar —como el rock— nunca muere, solo se transforma.